“Nunca me avergoncé de mi pelo, de mi ‘moño rebelde’”

No es una desconocida en la televisión dominicana ni en las redacciones de los periódicos, ha trabajado como productora, se desempeñó como locutora en algunos programas de radio, y actualmente está a cargo de un segmento en el espacio matutino El Día, donde cada viernes entrevista a determinados artistas, cantantes, escritores y gente relacionada con el mundo del espectáculo. Además de ocupar la presidencia de Acroarte, es docente universitaria y autora de varios libros de poemas, el más reciente titulado Hilos del Caribe, que es una reivindicación del cabello rizado típico de las mujeres afrocaribeñas. Sensible, profunda en su simpleza, Marivell es una mujer que deja huellas en todos los lugares por donde pasa.

¿Dónde naciste y dónde estudiaste?
Yo nací en Monte Plata, mi mamá era del campo, pero yo nací en el pueblo, mi mamá era de un campo que se llama Plaza Cacique, así que tuve una niñez bastante bucólica, entre el pueblo y el campo, una infancia montuna entre árboles y naturaleza. Mi mamá también era lectora, recuerdo que cuando yo era pequeña ella solía despertarme con un poemita de Amado Nervo que dice: “¿Qué miras por ventana?/ Miro el sol que ya se va/ y me dice hasta mañana…”, ella le daba una entonación tan especial que todavía resuena en mi memoria y me acompaña en estos días.

¿Qué otras cosas recuerdas de esa época de infancia?
Desde muy pequeña uno de mis “problemas” fue el pelo, es decir, tanto mi madre como mis hermanos tenían el pelo lacio, y se lo dejaban largo, yo nací con lo que en ese entonces se llamaba “moño malo” y quería dejármelo así, sin estirar, pero mi mamá decía que no, en la escuela me decían que no y esa fue como una “batalla” que tuve desde muy pequeña, mi mamá me decía que cuando cumpliera los quince años me dejaría tener el pelo como yo quisiera. En ese tiempo cuando las chicas cumplían los quince se las mandaba al salón y al pueblo para que se vistieran de gala, y se plancharan el pelo, porque era su presentación en sociedad, yo entonces volví del pueblo, pero sin el pelo planchado, sino ensortijado, a mi mamá le daba calor mirarme, pero nunca me avergoncé de mi pelo, de mi “moño rebelde”, yo crecí con esa idea de que tenía derecho a tener mi pelo como yo quisiera.

¿Dónde cursaste la primaria?
Cursé la primaria en Monte Plata en la escuela Fernando Arturo de Meriño y después de terminar el bachillerato estudié Comunicación social, de muy joven me crucé con Huchi Lora, que fue mi profesor de redacción uno y dos y después con Yaqui Núñez del Risco, así que ya en el cuarto cuatrimestre de la carrera ya estaba trabajando en el Show del Mediodía. Después hice una maestría en Artes visuales, en ese entonces yo tenía “drelas” y eso me preocupaba bastante, así que una vez fui a un salón en la zona colonial, de unos chicos que tenían un salón que las hacían, pero ellos vivían en un barrio y tenían que volver temprano porque tenían miedo de la policía, es que el pelo rizado siempre fue un problema, y hasta era una cuestión ideológica, la policía apresaba a los jóvenes y les cortaba el pelo y la justificación era porque eran “comunistas” porque tenían el pelo así. Eso era una violación de los derechos básicos.

¿Cómo empieza tu relación con el mundo del arte?
Yo crecí en una casa llena de música, mi mamá desde temprano ponía música mexicana, así que yo conocía desde muy pequeña a Javier Solís, Jorge Negrete, que es el favorito de mami, Pedro infante y Antonio Aguilar, me pasaba la mañana escuchando rancheras, tengo un hermano que es músico, cuando era joven me daban serenatas, a mis hermanos les gustaba la salsa y el merengue, así que mi vida estuvo llena de música. Luego cuando yo decidí estudiar comunicación fue porque ahí estaba lo que me gustaba, que era leer y escribir. Cuando llego al periodismo, mi tarea en el Show del Mediodía era recibir denuncias de la gente, y de todas esas denuncias que a veces eran chismes barriales, yo tenía que armar un texto de dos párrafos y pasárselo a Huchi.

¿Cómo se llama tu primer libro?
Se titula “Mujer ante el espejo”, y surge de una situación muy especial, una mala noche, un amigo mío se casó con su novia y yo, de mona, en vez de ir a dormir a mi casa, me fui a dormir a la casa de ellos, me pusieron un colchón inflable en la sala y ahí dormí feliz, pero resulta que en la madrugada se fue la luz, y no solo eso, el colchón se desinfló, así que me encontré dormida sobre una goma, con calor y en medio de los mosquitos, entonces me puse a pensar en la posibilidad de hacer un poemario que se iba a titular en principio “Veinte poemas de mujer y una canción desesperada”, un amigo mío, el poeta Tomás Castro, me impidió hacer ese desatino, así que lo que hice fue seleccionar poemas de una pila de mascotas que yo tenía y el mismo Tomás Castro me corrigió muchas cosas.

¿Qué significó en tu vida Yaqui Núñez del Risco?
Yaqui fue para mí una gran inspiración, y como yo ya venía “dañaíta” de mi infancia con el tema de los libros, él me fue guiando por el mundo del conocimiento, yo había leído además pilas de novelas de Marcial Lafuente Estefanía, de Corin Tellado, y de Agatha Christie, Yaqui me enseñó a leer a los grandes autores y me dio libros de teoría literaria. Tanto Huchi como Yaqui fueron dos almas nobles que se cruzaron en mi vida.

¿Cómo llegas a tu primer mandato en Acroarte?
Eso fue en un momento muy especial, en el 2006 se murió mi papá, él había sido alcalde de Monte Plata, fiscal, y murió de una enfermedad degenerativa, una vez él había estado buscando durante días una cosa que era para mí, hasta que encontró un cartelito de escritorio con su nombre Manuel Emilio Contreras, y me lo dio como un regalo. Cuando se hizo el velatorio en el ayuntamiento, con todos los honores, yo pensé que tal vez él me había querido decir algo con ese gesto. Entonces cuando regresé a la capital, acepté postularme para ese cargo y así se dio mi primera gestión en este gremio.

¿Qué significó la maternidad para ti?
Ser madre me permitió de alguna manera acceder a ese espacio privilegiado de dar vida, de cuidar, de mantener, ese fue para mí un gran compromiso porque significó el poder de tener a merced una vida que dependía de mí, que fui formando y que, al final, me salió dañado también, porque resulta que el muchacho es poeta.

¿Cuáles fueron los autores que más influyeron en ti para escribir?
El primero de todos fue José Ángel Buesa, en un angelito me regalaron un long play de Enrique Lizalde (actor mexicano) que recitaba poemas de José Ángel Buesa, eso me encantó, y el primero que me movió el piso fue Oscar Wilde, después vinieron otros pero esos fueron los más importantes. l

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