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Esta enfermedad, ha sido padecida y conocida por la humanidad desde tiempos muy remotos. En la Isla Hispaniola, no fue de gran relevancia frente a otras patologías como la fiebre amarilla o el paludismo. Pero al pasar del tiempo, las enfermedades aludidas anteriormente y sobretodo las guerras que hemos padecido, particularmente en el siglo XIX, con la Independencia y Restauración, han acarreado, períodos de hambre y devastación, que según lo que postula el doctor Rafael Miranda en su Historia de la Medicina, llevaron a finales del siglo XIX a convertir la tuberculosis en un gran problema. Durante el período de la ocupación militar norteamericana, si bien se reportan casos de tuberculosis, la influenza y las enfermedades venéreas, ocuparon la atención de las autoridades. Debido a ese descuido, hacia 1940, el número de casos de pacientes afectados por tuberculosis y los fallecidos por ella, alarmaron a las autoridades sanitarias. Y en el 1944 se creó el Consejo Nacional de Tuberculosis. En este consejo participaron el doctor Rodolfo de la Cruz Lora, tisiólogo especializado en Cuba, el doctor Sixto Inchaustegui, sub secretario de Salud, catedrático de la Universidad y pasado director del Sanatorio Antituberculoso “El Santo Socorro”. De igual forma conformaban ese comité, los doctores Manuel Jimenez, Juan Cordero, Vittorio Ortori. Todos esos profesionales se habían dedicado al tema de la tuberculosis.

Un médico destacado fue el doctor Hostos Fernández, quien era en ese momento profesor de tisiología de la facultad de medicina de la Universidad de Santo Domingo y director de la división de tuberculosis de la Secretaría de Estado de Salud y Previsión Social. El doctor Miranda, resalta en su libro que el doctor Fernández fue el iniciador de la cirugía torácica en nuestro país. La intensa labor del doctor Fernández Naranjo, llevó a vacunar más de 300,000 ciudadanos y a hacer pruebas de PPD a cerca de 500,000. En esos años se abrieron centros tales como dispensarios antituberculosos, se emplearon unidades móviles, se vacunó a la población, particularmente en los colegios, asilos y guarderías infantiles. Se impartieron cursos y se dieron charlas educativas a todos los niveles. El país contaba con distinguidos especialistas y cirujanos torácicos como los doctores José Joubert, Hernán García, Luis Bonnet o Bienvenido Matos. Durante esos años se desarrolló una intensa campaña, sin embargo hacia el 1960, se anunció la inauguración de un moderno dispensario de más de 1000 camas. En el 1960 el Director de la división de tuberculosis de la Secretaria de Salud era el doctor Hostos Fernández. El doctor Miranda resalta que la mejoría en las condiciones de vida, habían contribuido a mejorar la situación de la tuberculosis. Luego de la guerra de abril, se inició un aumento del número de casos registrados de tuberculosis. En el 1968 se registraron 1713 casos, en el 1969, 1796 casos, en el 1970, 1679 casos, en el 1971, 1360 casos y en el 1972, 1559 casos. Esos casos registrados tenían una lata morbilidad y mortalidad. En ese año de 1972, la mayor parte de los casos se concentraban en la zona este del país, posiblemente asociado a la cantidad de braceros haitianos en la zona. Recordemos que en Haití en esos momentos no había campaña sanitaria preventiva de la tuberculosis. De las más de 23,000 consultas ofrecidas en el 1972, 1559 casos fueron diagnosticados positivos, de los que la mayoría, esto es 1416 casos eran pulmonares y 143 eran extrapulmonares. La Secretaría de Salud distribuyó en ese año grandes cantidades de estreptomicina y de isoniacida, suficientes para controlar los casos presentados. En la actualidad, la tuberculosis vuelve a aumentar el número de casos reportados, y vemos una cantidad importante de casos extrapulmonares.

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