Honduras, y los límites entre la narco política y la democracia

Como menciona en un reciente trabajo el profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, Adalberto Santana, hoy por hoy, nuestros vecinos hondureños habitan en una de las naciones más vulnerables de la gran cuenca del Caribe, y si bien se trata de una crisis de larga duración, esta se vio agravada con el golpe de Estado que recibió en 2009 el presidente Manuel Zelaya. Así, entre 2010 y 2014, Porfirio Lobo, primero y Juan Orlando Hernández entre 2014 y 2022, ambos del Partido Nacional de Honduras, deprimieron aún más a la sociedad hondureñas con la aplicación de políticas de corte neoliberal que generaron fuertes protestas populares y un amplio rechazo de sectores diversos de la sociedad hondureña.

Entre las razones principales se encuentra la escandalosa denuncia que asociaba a Hernández con el narcotráfico y las bandas criminales, por cierto, acusaciones y señalamientos contra el Partido Nacional que tuvieron su origen en los Estados Unidos, cuando el hermano del presidente fue detenido por sus actividades delincuenciales y juzgado en una corte de Nueva York junto al chapo Guzmán y el exjefe de la Policía del presidente mexicano Felipe Calderón, donde fue declarado culpable. Los poderes del Estado estaban manejados por un grupo narco empresarial de la oligarquía tradicional que llegó a controlar el tráfico de cocaína entre Colombia y México y que logró detentar un capital que superó los 1000 millones de dólares. La posición geográfica de Centroamérica cumple un papel esencial en la logística del traslado de la droga desde las zonas de producción, en el sur de América, a las zonas de alta demanda y consumo en Estados Unidos. Negocio perfectamente recreado en las peripecias del atormentado y desolado detective Dolores Morales, de la novela negra, Ya nadie llora por mi (2017), del premio Cervantes de literatura el nicaragüense Sergio Ramírez.

En Honduras se estima que existen más 300 pistas de aterrizaje clandestinas. Debemos recordar que durante la guerra de baja intensidad que EEUU llevó a cabo contra la revolución sandinista y los grupos subversivos de El Salvador, en la década de los 80, Honduras fue utilizada como territorio para el apoyo de los grupos irregulares contrarrevolucionarios y el Pentágono la usó de puente aéreo para que la CIA enviara aviones con armas que luego, parece ser, volvían a EEUU cargados de drogas para financiar esta operación ilegal, recordemos el mediático caso del coronel Oliver North (Irán-Contra) y el papel del tenebroso embajador de Estados Unidos, en Tegucigalpa, John Negroponte, quien fue señalado de violar los derechos humanos por esta y otras actuaciones en su carrera como funcionario estadounidense. De esta manera la aparición de grupos narcotraficantes en Honduras, México y Colombia no es casual y menos sus vínculos con la clase política.

La condena a cadena perpetua a Antonio Hernández por la corte neoyorkina, evidenció los vínculos del narcotráfico con el poder político hondureño. En 2021, el affaire del clan Hernández y el Partido Nacional de Honduras creó un escenario donde el narco poder ganó un descrédito internacional que le hizo perder cierto parapeto que proporcionaba la administración Trump, hasta el último momento cuestionada por bordear los límites de la democracia. Por último, la situación explotó tras el feminicidio en 2016 de la ambientalista y líder indígena Bertha Cáceres. Tanta evidencia culminó con la retirada de la visa a Juan Orlando Hernández y finalmente con su detención el 15 de febrero de 2022 acusado por el gobierno de los Estados Unidos de vínculos del narcotráfico.

En 2019, más de 300 mil hondureños, empujados por la pobreza y la violencia tuvieron que emigrar hacia el norte. Entre 2004 y 2018 se cometieron más de 72 mil homicidios en el país. Honduras está considerado junto a Haití como los países más pobres de la cuenca del Caribe. La CEPAL ubica al 40 % de su población en el umbral de la pobreza y se habla de que el 70 % de la población rural vive en la miseria.

Así, con este panorama en noviembre de 2021 se llevaron a cabo unas complicadas elecciones democráticas que fue una disputa cerrada entre el Partido Nacional y una alianza entre el Partido Libre y el centrista Partido Salvador de Honduras con la candidata Xiomara Castro como líder indiscutido, los cuales consiguieron un resultado contundente en la victoria. A su proclamación como presidenta, en el estadio nacional, asistieron más de 25 mil personas y entre las personalidades internacionales se encontraba Kamala Harris, el rey de España, el presidente de Costa Rica o Dilma Russeff, quienes dieron su respaldo a la nueva mandataria. Otro hecho significativo es que por primera vez que una mujer hondureña llega a la presidencia. En su primer discurso dijo que recibía un país con una bancarrota heredada del saqueo narco político de su antecesor y que iniciaría una lucha contra la corrupción neoliberal que los arrastro hacia pobreza. Insistió en la necesidad de recuperar la justicia social y para ello en su programa de gobierno ha marcado 4 ejes centrales: educación, salud, seguridad y empleo. Con ello espera construir una democracia más participativa y justa.

La justicia social ya comenzó con medidas que ordenan al Banco Central a disminuir los intereses para la producción, con la bajada de las tarifas eléctricas para los sectores más vulnerables, con la orden de suspender la minería cielo abierto y controlar la explotación desmedida de los recursos naturales y la liberación de presos ambientalistas. Por último, la lucha por los derechos de las mujeres es uno de los motores de su gobierno. La tarea del Gobierno de Xiomara aspira a la refundación de Honduras por medio de la transparencia y la lucha contra la corrupción y tal vez se convierta en un ejemplo a seguir en una región centroamericana, derrotada al igual que Colombia y México por la guerra sin sentido contra el narcotráfico, principal causante de la debilidad institucional de nuestros países. Otro ejemplo más para acabar de una vez la fracasada e insostenible guerra contra el narcotráfico que corrompe hasta la médula a nuestros países y socava sus instituciones. Es el tiempo de buscar otra solución para este comercio.
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Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World”. This project has received funding from the European Union´s Horizon 2020 research and innovation programme under the Marie Sklodowska Curie grant agreement Nº 823846. Dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC.

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