Laberintos y espejos de El Gordo Oviedo

El Gordo Oviedo.
Fue el izquierdista más cercano a todos por su espíritu alegre y su libertad sin prejuicios

El Gordo Oviedo era gordo, de sonrisa socarrona, con el pelo a lo Alain Delon y cuerpo de Henry Calvin cuando hacía de sargento Demetrio López García en la serie de televisión de El Zorro. En el Cibao hubieran dicho que era el Perfecto Charlatán, en el segundo sentido, de cherchoso y peso pesao en la categoría sangre liviana. Lo conocí cuando Olga Luciano lo llevaba como la imagen del jarabe Emulsión de Scott, que no es lo mismo que el Wampole, y mucho antes de que llegaran a este rincón del universo sus hijos José Carlos y Dilia Virginia, tiempos en que iba a la UASD en bicicleta con La Ticha en barra. En cualquier esquina aparecía Luis Díaz sudao en un maratón que él se inventaba donde corrían él y Duluc; o te topaba con el Bacho quedao en su Mercedes que le servía para practicar para cuando fuera presidente. ¡El Bacho Va!
Después que el 1J4 se dividió en cuchumil pedacitos, más que fracciones y partiditos quedaron algunos de aquellos militantes representativos. Y el Gordo Oviedo fue uno.

El Gordo siguió su ritmo, sus visitas a Santiago a casa de la Viuda Minaya que estaba en una segunda planta en la calle 30 de Marzo detrás de la Iglesia Mayor hasta que mudó su “Hotel Izquierdista” a la 16 de Agosto al lado de Jorge Gobaira el síndico. Por ahí pasaron todos de tadas las tendencias: Polón, Saleta, Chaljub, María, Fidelio, Román, Amaury, menos los del MPD y del PCD, que era otra camá. Pasó, pero con aire de Agatha Christie, Sagrada Bujosa que la policía buscaba como aguja, fichada como Sonia López y María Bujon, sin saber que la llamábamos La Pichona. La Pichona y el Flaco Mario Velázquez, que eran como Bonnie and Clyde, se camuflaban que ni siquiera El Gordo reconocía. Era la época dura en la que los jóvenes inteligentes fueron asesinados, perseguidos y obligados a vivir con nombres falsos y moverse en las penumbras.

Quizás por su gordura El Gordo no pudo encontrar una buena cueva y la policía, como los acompañantes del inspector Javier Funero en la novela La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón, lo golpearon como hacía dos mil años no se hacía. Usaron el “palito de abollar ideologías” que Quino definió en una de las tiras de Mafalda lo que le provocó una epilepsia de terrible secuela.

-Carajo, ni porque su padre era Gobernador de Azua a las órdenes del Jefe, este muchacho er Diablo salió derecho. Repetía uno de los torturadores.

En la Guerra de Abril, siendo un muchachón, se le ve en una foto en la Academia del Eugenio María De Hostos cuando la izquierda jugó un papel importante y en la que se destacaron muchísimas mujeres que Anonimato, en pleno compinche con Machismo, se hicieron los chivos locos para ignorarlas. Es, por ejemplo, el caso de Agustina Riva, Tina Bazuka y la China entre otras.

El Gordo era un militante de la alegría que nació probablemente en el París de la Bohemia de Tomás Hernández Franco, celebrando cada día, cuando algún Ovni, por error lo teletransportó a esta isla sin ton pero con Son.

En la UASD de los 70, él era el campus, estaba en Ingeniería, en Medicina, en el Comedor, en el Alma Máter teorizando y agitando, buscando votos para Roberto Santana, el papichulo blanquito y de melena, para la presidencia de la Federación de Estudiantes por FRAGUA, antigua UNER.

Estuvo en primera línea, junto a Celedonio Jiménez del grupo camilista, Aquiles de la Fuerza Juvenil por el Socialismo (PCD), cuando los reformistas intentaron hacer una caseta frente a Laboratorios: Balaguer no entra en la UASD… y no entró.

En la UASD El Gordo estudiaba Ciencias Ocultas porque nadie sabía en qué facultad estaba matriculado.

Mientras que a nivel mundial se vivía la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, nosotros vivíamos la guerra de los Pro que terminó por aislar y esfumar lo poco que quedó de Abril.

Ser prochino, procubano, proruso, proTito, proNicolae Ceaușescu, proPin… era más importante que unirse y formar su Frente. Claro que hay que estudiar los porqués, las finquitas de cada dirigente, el afán de gloria y de ser reconocido y demás complejos que confundirían al propio Freud.

La Izquierda pasó a ser un “fenómeno extraño, exótico y poco comprendido del Universo” igual que como declarara Roger Penrose acerca de su descubrimiento en el año 65, de los Agujeros Negros. A igual que estos se forma con grandes estrellas ya apagadas. Muerto Manolo, Caamaño, El Moreno, Amaury… se acabó la rabia.

Era de esperarse, aunque el balance que hace El Gordo no lo establece, que hay que entender una vez por toda que esa militancia no tenía la mínima formación política ni tampoco podía tenerla. Su cohesión y motivo fue la lucha contra Trujillo y Balaguer y ya. Más luego aplicaron la filosofía de Rius: la panza es lo primero y sálvese el que pueda, lo que no se entiende todavía y que la derecha domina y aplica con sus pica-pollos y salchichones de campaña.

Hay que sumarle a ese balance, lo que insisto: el poco interés por la cultura, que no se aprendió de “7 Días con el Pueblo”.

Y justamente El Gordo fue la gran excepción porque no solo era un amante del arte, sino que su cultura, ni la bohemia le permitían sectarismo de ningún tipo. Fue el izquierdista más cercano de todo el resto por su alegría y por su libertad sin prejuicios ni complejos… como sonero al fin.

Vuelvo con mi lista de ministros desde mi inconformidad, para decir que El Gordo hubiese sido un gran Ministro de Cultura.

De su balance y primer aporte para lanzar un debate El Gordo concluye con el mismo optimismo de siempre: …”En cuanto a la “recuperación de las pérdidas sufridas”, tenemos y debemos ser realistas, a sabiendas de que la vida cuando se acaba, el tiempo cuando se agota, y las oportunidades cuando se pierden son irrecuperables; aunque, por suerte, y con mucho optimismo de la voluntad, siempre se puede empezar de nuevo y siempre se puede más, en la tarea continua y prolongada de forjar otro mundo mejor”.

En la época de los Pro se decía que El Gordo se había ganado la confianza de los chinos en uno de sus viajes al país del camarada MaoTse Tung que pa’ confundir empezaron a decirle Zedong. Allá llegó con un mapa del país para mostrarle que su Partido había logrado, en una larga lucha y batalla tenaz contra los gobernantes imperialistas que una provincia se llamara Mao en honor al camarada y timón de la Revolución China.

La apertura del Gordo le permitió al país tener sus servicios diplomáticos en Brasil en la época de Lula da Silva, o querido companheiro. Gracias a esta experiencia El Gordo fue una voz clave en el país para dar luz cuando al candidato amigo se le armó un expediente para imposibilitarlo de ganar en las elecciones que Bolsonaro amarró con la cúpula de la Justicia y del Juez Sérgio Moro para ser Presidente y para el gran atraso del Brasil como lo demuestra su ineptitud en todos los aspectos.

Como entusiasta prochino declaró en uno de sus recientes escrito que “en los setenta (70) años transcurridos desde ese histórico acontecimiento, la gran nación China, dueña de una civilización milenaria, ha sido protagonista de logros, realizaciones y transformaciones que, al tiempo de haber cambiado su propia faz, ha impactado de manera determinante en los cambios epocales que se han producido en el mundo contemporáneo.”

El Gordo, quizás, junto a Magaly Pineda, fueron las personas más abierta y más cercana a la gente de abajo y a nuestra cultura. Claro sin dejar a Dago que es la cultura dominicana ambulante como dijimos en una entrega anterior.

Sobre Vitico escribió una hermosísima carta que le salió de lo mas profundo del amor al amigo.

… “Prepárate para seguir presente entre nosotros porque como nos dice Benedetti: “Creemos en la gente y somos militantes de la vida, y no podemos, y no queremos que la canción se haga cenizas”.

El optimismo del Gordo dejó atrás la cuadratura de González Espinoza que conocimos en la clandestinidad como María, más por Jorge Isaacs que por el seudónimo feminista de Ulises Francisco Espaillat, expresidente dominicano. Lo mismo que las limitaciones del camarada Esteban Díaz Jáquez, con la venia de Carlos Rivas.

El Gordo fue un colaborador de este diario, que dejó de ser “prensa amarilla” y donde se pueden leer sus artículos
( https://www.elcaribe.com.do/autor/elgordooviedo/ ) con el sentido de alguien que sentía este país en lo más hondo de su gordura.

Las ciudades no son sus iglesias, sus bancos, sus edificios, colmados, ventorrillos, parques, más sus personajes y así vamos a sentir que Santo Domingo es un poco menos sin el Gordo Oviedo transitando sus laberintos y sus espejos.

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