La visión binocular de Rafael Núñez

Estuvimos en Moca en la puesta en circulación de su libro “Santo Domingo, génesis y ruptura de dos naciones”

Llegar a Moca siempre me produce sensaciones agradables. Será que lo asocio con un café que todavía no he bebido, o es el olor a pólvora de mi imaginación, que me hace saludar a Don Horacio, ahí mismo, en Estancia Nueva.

Si, buenas tardes, su casa está en buenas manos allá en Tamboril. No se preocupe Sr. Presidente. Ya a Lilís le dieron su merecido…

Pero esta tarde no vi ni a Jacobito, ni a Mon. En un banco del Parque Cáceres, alcancé a ver a Ho Chi Minh con su bandera roja de toda la vida, quien me sirvió de brújula para llegar al Centro Juan Contín.

La bienvenida calurosa, como siempre, de Luis Quezada y Guarocuya, me hicieron sentir como Pedro. Hay un empeño marcado allí por la cultura, que coincide con mis ideales martianos.

Esta visita respondía a la invitación a un acto especial: la puesta en circulación del libro “Santo Domingo, génesis y ruptura de dos naciones” de Rafael Núñez.

La mirada de Rafael entró primero, como si fueran dos motores franqueadores Harley Davidson que él seguía, guiado por sus manos que saludaban a todos. Su sonrisa franca hubiese bastado para aquel saludo, impecable, como el traje que lo condujo al ancho sillón rojo que compartió con su niña y su esposa.

Cuando me pasó por el lado, comentaba yo, en dirección opuesta, el nuevo ataque a Irán y el terremoto de Venezuela.
De repente, en la corta distancia, nos miramos, nos reconocimos. Me vi entonces saludándolo en el Palacio, varios lustros atrás.

Luis tomo la palabra, literalmente. La cogió por el cocote y la expuso desnuda con la nitidez de quien ha leído muchos libros, con la claridad de conceptos que te atrapa. Hace tiempo no veía a nadie leer de verdad, como aprendí en las clases de Lengua Española del padre Luis Oráa de la UCMM.

La oratoria de Luis es convincente porque carece de adornos ficticios y cursilerías eclesiásticas o novelescas como nos tiene acostumbrado la politiquería barata que emboba a ignorantes … la mayoría de veces son traídas por los moños.
El canto a la Patria, protocolar, sonó mejor con el respaldo del himno de Moca, uno de los pocos municipios que lo exhibe con orgullo e identidad.

Las palabras de Miguel Guarocuya Cabral, el alcalde, no solo agradecieron y felicitaron a Rafael, él leyó un discurso de satisfacción por la labor cultural desplegada a lo largo de su triple estadía en el Palacio Consistorial, un discurso de un alcalde que no está para firmar promesas, que sabe la importancia del arte… la pintura, la música, la literatura y la historia.

En mi interior lo aplaudí desde la primera palabra hasta la entrega, que hizo efecto, del reconocimiento merecido al comunicador, al periodista, al historiador, al amigo, al bondadoso ser humano y que Rafael recibió con humildad y agradecimiento.

Luis Núñez y visión de dos países

Entonces él tomó el micrófono y le calló la boca en el primer minuto para honrar, en el silencio, a las víctimas hermanas venezolanas.

Ahora sí, el aparato repitió, como eco, la voz firme, tranquila sobre sus investigaciones de los orígenes de dos países unidos en una isla caribeña y condenados a vivir juntos, “pero no reburujaos”.

La distinción caballerosa de su saludo, me tocó profundamente por lo que ahora reitero mi agradecimiento a su noble gesto.

Rafael conoce las entrañas de nuestros vecinos occidentales por sus experiencias cuando fue “un embajador de auxilio” en aquellas jornadas terribles del país, luego del terremoto del 2010.

Haití, en sus palabras, no ha tenido, desde el mismo momento de su liberación de Europa, ningún líder con claridad que haya podido administrar sus grandes riquezas, conducirlo por un camino de prosperidad y tranquilidad para su gente.

Eso sí, es tema predilecto de politicuchos, alimentar el odio innecesario contra los haitianos que comparten su ADN, aunque no lo quieran, para conseguir votos.

Está claro, para el escritor, que yerran aquellos que han querido acusarnos de xenófobos y racista. Algunos por ignorancia, otros por desarraigos y complejos negadores de lo que llevan, como marca de fábrica detrás de sus orejas y que Pedro Mir explica: somos “oriundos de la noche” reivindicando nuestra procedencia africana; otros por intereses mezquinos y, los menos, como Vargas Llosa, para hacerse el gracioso y agregar un puntito más a la lista de lisonjas en pos de un título de la Madre Patria, de la mano, obviamente, de traidores de principios camaleónicos.

Acierta, nuestro amigo, al decir que Haití y República Dominicana tienen culturas diferentes, idiomas distintos marcadamente, “no somos mejores que ellos, pero tampoco son mejores que nosotros”.

“Con todo, Haití y la República Dominicana comparten raíces comunes, pero sus trayectorias han sido distintas. En Haití, la élite oligárquica, la división interna y la falta de proyectos comunes han dificultado desde la independencia la consolidación del Estado-Nación”, remacha Rafael en su epílogo.

Todo eso ha dado como resultado el desorden y las bandas ¿guerrillas? según la Lupe y la lupa con que se vean, que son apoyadas por manos fantasmas y que controlan “cerca del 85 % del territorio”. Lo curioso es que el discurso de Barbecue arremete “contra las élites corruptas que han gobernado Haití en las últimas décadas”.

Tienen, digo yo, cosas en común, aparte del suelo y el cielo, tienen la historia ensangrentada y colonial que él explica en su más de 250 y pico de páginas.

Su enfoque coincide con el de Jean Price-Mars, historiador haitiano, sobre la falta de liderazgo real y falta de planificación y, coincide a su vez, con el Cónsul General Británico (de 1826 a 1827) quien dice en su libro “Notes on Haiti Made During a Residence in that Republic”, que, hablando con un ex-esclavo en Cap Haitien, este le decía que vivía mejor antes de la independencia de 1803 porque tenía trabajo y comía todos los días. Una vez libre, el nuevo gobierno, sin programa y sin rumbo, la misma ruta que transita Haití en la actualidad, empezó a sentir la miseria en lo más profundo de su estómago.

El libro de Rafael se destaca por la fluidez y claridad de conceptos, su carácter pedagógico, como si estuviésemos repasando nuestra historia y a la vez corrigiéndola de las interpretaciones sufrida. Se caracteriza también por su apego a la documentación, de lo contrario no fuera historia.

Su pluma repasa el trayecto, en cuatro capítulos, desde el mismo momento en que Colón pisó la arena por la Isabela.
Si tomáramos unos binoculares y miráramos desde Miami, con el lente derecho veríamos a Haití y con el izquierdo a la República Dominicana. En cambio, si estuviésemos en Venezuela, Haití, en la izquierda y nosotros en la derecha. ¿Pura casualidad?

Rafael le escribió una carta a Dios, pero sus ocupaciones en Gaza, el Líbano y en Cuba, no le permitieron darle respuesta.

(Escrito sin IA)

Posted in Las vainas de MercaderEtiquetas

Más de cultura

Más leídas de cultura

Las Más leídas