A Santiago vino y Alix se quedó (9ª. décima parte)

Las personalidades más destacadas de la época buscaban y leías las décimas del famoso bardo dominicano

Alix poseía una cultura amplia, no solo porque tenía dominio del lenguaje sino por lo que este refleja. Con vastos conocimientos del francés y de su variante, el creole de Haití, Juan Antonio conocía también el italiano. Su hijo Juan Goico Alix le siguió los pasos y dejó también una obra importante en la literatura de la que se cuenta una gran cantidad de décimas. Según Pedro Batista, estos vivieron en la Calle Sebastián (30 de marzo) por el teatro Colón.

Si no hay una décima a Ercilia Pepín es muy normal, porque a pesar de que la educadora ya para 1900 es directora en una escuela de Marilópez, no es a partir de 1920 cuando ella tiene una destacada vida pública principalmente levantando los valores patrios y rechazando la ocupación del 1916.

Las personalidades más destacadas de la época buscaban y leían las décimas de Alix. Entre ellos se cuenta al general José Ulises Franco, Benedicto, quien fuera síndico antes de Pedro Batista, al poeta Eugenio Deschamps y su hermano historiador Enrique; presidente Gregorio Luperón, presidente Ulises Heureaux, el general Federico Lithgow, presidente Ulises Francisco Espaillat, el periodista José Ramón López, el caricaturista Ramón Mella (alias Walter), Wenceslao Figuereo, Rosa Smester, los hermanos Palmer, abogado Luis Emilio Perelló, Onésimo Jiménez, el general Perico Pepín, Ercilia Pepín, Joaquín Balaguer y muchísimas personas cultas de la época.

Hay que entender que antes de 1918, que es la fecha de su muerte, la población de Santiago era muy baja y que se limitaba a un espacio donde todo el mundo se conocía y donde las publicaciones de revistas y periódicos eran prácticamente las únicas fuentes de información, aunque se sabe que los que podían recibían revistas tanto de Francia como de España y Cuba, como se puede ver en los archivos de Amantes de la Luz.

De hecho, es bien conocido que Yoryi Morel conoció la obra de Sorolla por medio de estos envíos que llegaban a Santiago.

Alix murió en 1918 a la edad de 85 años un 15 de febrero. Dejó su gran obra de décimas consideradas su más grande legado. Escribió en 1885 “Viaje de Gerardo Estanislao por la mayor parte de los pueblos de la República Dominicana”. En 1887 escribió “El Ferrocarril de Samaná a Santiago y en 1894, “Apuntes para una Historia de San Francisco de Macorís”.

El historiador Emilio Rodríguez Demorizi, en la introducción a la publicación que hiciera sobre Alix, es muy claro en la defensa del Cantor del Yaque como uno de nuestros grandes hombres de la literatura dominicana. Sobre él escribió: “…Por toda la República se oyó férvidamente, como iluminante sermonario, la prédica de Ulises Francisco Espaillat, desde su Sinaí de Diego de Ocampo, y desde la misma Villa del Yaque se difundieron por campos y ciudades las celebradas décimas de Juan Antonio Alix concitando a la paz y al trabajo, al abandono de los hábitos guerreros enraizados en los dominicanos como yerba fatídica. En versos de 1875 el juglar santiagués denunciaba los males de la revolución*, las vicisitudes del soldado, las rémoras sociales que era preciso erradicar a fuerza de civilidad.


(*revolución es en esa época el término aplicado a grupos de revoltosos que armados sembraban de anarquía lejanos sectores del país)

Tomás Hernández Franco sobre Alix
En una conferencia del escritor tamborileño, titulada “La poesía en la República Dominicana” del 29 de enero de 1929 en París dice:

“… En mi país se desarrolla otra poesía, menos erudita, pero más sincera. Hablo de la poesía popular. Es la misma poesía en todos los pueblos. Poesía ingenua que no toma en cuenta la gramática y que, por fortuna, ignora la academia. Poesía de improvisación para cantar las penas, el amor, los antiguos rencores… Poesía pura que brota como un surtidor claro desde el fondo de las almas… Y cualquiera de ustedes que haya escuchado, como yo, la voz de un hombre de la montaña que uno ve contar el dolor el día de su muerte, no podrá nunca olvidar esta canción punzante. Queda para siempre en el pensamiento como un remordimiento.

Puedo citarles un poeta que ha hecho cosas extraordinarias en este género: Juan Antonio Alix, humorista notable. Me resulta imposible presentarles sus producciones, porque perderían toda su gracia al ser traducidas de la especie de monserga en la cual se hallan escritas…”

En un artículo aparecido en La Opinión del 30 de marzo de 1932 y que él tituló: “Algo sobre nuestro folklor” dice:
“…En la premura con que escribimos estas líneas -que es para la linotipo tentacular- queremos hacer un alto para dirigir hacia el pasado un gran saludo de admiración y de cariño a la memoria del más grande folclorista dominicano, el único que hubo antes de ahora: Juan Antonio Alix.

Después de él, los ensayos de folclore dominicano fueron infructuosos. No se cumplían las exigencias anotadas antes.

El folclore no quiere decir una vulgar adaptación de los cuentos chascarrillescos que ruedan por las plazoletas aldeanas. El folclore tiene su propia vida en el camino, es apasionado y artista, es hondo como un mar de pasiones, y en él debe relampaguear el genio como a través de todo lo que pretenda ser obra de arte. Por eso no es folclorista quien quiera serlo…”

Alix fue un gran amigo del presidente Ulises Francisco Espaillat a quien visitaba con mucha frecuencia en la Farmacia Normal, así como del pintor Dr. Arturo Grullón que tenía su clínica en la calle San Sebastián (30 de Marzo) en la parte este de la acera comprendida entre las calles Traslamar y Libertad (Beller y Máximo Gómez de hoy día).

En el centenario de su muerte, sigue siendo un referente como gran poeta del Cibao o como se le conocía en las calles de Santiago: el Cantor del Yaque.
(siempre sin IA)

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