Los 16 innings de Marichal que estremecieron el mundo (lX)

El Caribe rinde homenaje a Juan Marichal con esta serie de 16 entregas sobre, quizás, el juego más famoso de las Grandes Ligas

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9° Inning

(T1) Mack Jones a la carga de nuevo. En San Francisco son las diez y media de la noche; pero en Santiago la gente va por el quinto sueño. No es el caso de Chichí Patica que ya tuvo que cambiarle las pilas al radito Phillips que descifraba la transmisión vía el hotel Jaragua de Santo Domingo. Marichal está como si se iniciara el partido y frente a Jones le pasa una recta que, por poco tumba a Bailey. El strike cantado y, recuperado el equilibrio, Marichal se concentró de nuevo en Jones. Los fanáticos ya empezaban a bostezar. Era un espectáculo que se adoptó en todo el país como el fútbol y el boxeo y hasta la misma lucha libre. Es como si el deporte reemplazara a las luchas de gladiadores del pasado, una necesidad del ser humano de luchar, de combatir de inventarse un enemigo, de identificarse con uno y sentir que vence. Igual que en la época prehistórica, cuando había que vencer a las bestias para comer. Hay que vencer algo para que el ser humano vuelva a sí, a su condición de prehistórico. No importa que el enemigo sea un pobre toro y el torero sea el héroe con quien hay que identificarse para tener esa sensación. Pero no solo es el deporte que te da esa sensación de humano primario, la política también se alimenta y aprovecha esa debilidad y se inventa “enemigos” a quien vencer. Especialmente cuando es una política imperialista que busca dominar a los demás países. Todos los autóctonos fueron eliminados del territorio de los Estados Unidos aunque ellos vivían en paz en su tierra. Fueron catalogados como los “enemigos” a vencer. Las películas de vaqueros se encargaron de justificar las masacres y fortalecer el espíritu del cazador, como también ocurrió después de la II Guerra Mundial. El enemigo ideal fue el alemán nazi o el japonés. A pesar de que los soviéticos fueron los que vencieron a los nazis y se logró la paz, hoy nos meten otro cuento. Los Estados Unidos empezaron a romper los acuerdos con Stalin para crear el nuevo enemigo necesario, el nuevo miedo. Apareció así Superman contra el comunismo, Capitán América contra los rusos, El nuevo miedo es el talibán que vivía su atraso milenario aislado en su “civilización”. Para que fuesen su verdadero enemigo se les armó con las peores armas, para así justificar los ataques a Irak, Libia, Siria.

¡Necesitamos un enemigo! El de Marichal, ahora con cuenta 3-2, conectó un flai alto al center field, pero cayó en el mar y Neptuno hizo el primer out. (T2) y (T3) Otro flai al left field, de Crandall y un roletazo de McMillan a tercera cierran el inning. Nuevamente el enemigo ha sido vencido y los fanáticos de San Francisco se jartan de hot dogs y gaseosas con la satisfacción de quien ha librado una gran batalla. (T1) La batalla continúa. Spahn enfrenta al sonriente Willie Mays. Los peloteros no entienden de política ni quieren entender. Ellos encontraron un rol que jugar y de qué vivir. Más que jugadores de pelota, son héroes que llenan el circo romano. La estaca de Mays es un bate 38 que amenaza con mandar la pelota del otro lado de la bahía, pero Spahn lo vuelve a engañar con una curva que lo obliga a sacar un roletazo al pícher. La pelota rebota en uno de los zapatos de Spahn y va a parar al siore. Como el rolin fue duro, la pelota no se atrasó y Mays fue eliminado vía 5-3, siore-primera. Lo que nunca Marichal entendió fue el cambio de mandar a Mays a los Mets, años más tarde, en vez de quedarse con él, aunque fuese como coach de bateo. Mays era un ícono de San Francisco, pero a Marichal le hicieron lo mismo y lo mandaron a Boston. No se puede enviar a la basura a jugadores que fueron un símbolo en sus equipos. Pero eso es el béisbol y ni Marichal ni Mays iban a cambiarlo. Quizás hoy, era del marketing, lo entiendan. También entre los amigos se alienta un enemigo cuando se mantiene una educación competitiva. El mejor del curso, el mejor en matemáticas, el mejor en campo y pista, el mejor en dibujo. Y que el resto detesta. Como si fuera un acto voluntario que un niño corra más que otro, como si todo el mundo tuviera que correr a la misma velocidad y, así aparecen, desde temprana edad pequeños héroes, que pueden conseguir admiración o que los “débiles” no soportarán. La competencia es enemistad, como en los concursos absurdos. No educamos para la armonía, educamos siguiendo el guion de Walt Disney: el bueno contra el malo, un guion que casi se generalizó en todo el cine de Hollywood. Hasta el mercado tiene el bueno y el malo: la Pepsi contra la Coca-cola, Brugal contra Bermúdez… (T2) McCovey sigue a Mays y suelta un roletazo por primera que el pícher asiste sin problema. (T3) Felipe fue siempre un gran atleta que se destacó como corredor y que en la pelota encontró su profesión. Su primer equipo fue San Francisco y, a pesar de trabajar duro y con entrega, fue cambiado al año siguiente de este encuentro, justo con el equipo hoy rival. Era la época en que los peloteros eran una cosa para los propietarios de los equipos y que, como dijimos, Curt Flood se negó a jugar con Filadelfia, uno de los equipos más racistas de la Liga. Pero Flood llevaba en sus venas la rebeldía de todos los que habían luchado por la igualdad y la desegregación racial. Flood estaba hecho del mismo calibre que Jack Johnson y Cassius Clay. Los latinos no. Ni Felipe ni Marichal, ni Pagán, ni Tiant. Ninguno fue a pelear en el béisbol norteamericano, aunque todos jugaron con dignidad y entusiasmo. Todos se hicieron respetar dentro y fuera del terreno. En Santo Domingo ya no dominaban los Trujillo y, desde el 27 de febrero, Bosch estaba eliminando todos los vicios institucionales que había dejado la tiranía. El mismo béisbol revolucionaría, sin la presencia arbitraria y caprichosa de Ramfis. De seguir sus cuatro años, habría hecho lo mismo que Cuba, evitar que el racismo del Norte humillara nuestros peloteros. Al primer lanzamiento Felipe conectó una línea de hit por encima de la almohadilla de segunda. (T4) Peruchín Cepeda, con corredor en primera, buscaba dar una sorpresa para desempatar el partido. Spahn sabía que tenía un bate poderoso y le lanzó un poco incómodo. Lo conocía bien y sabía de las preferencias del puertorriqueño. Al primer tiro se fue con todas sus energías, pero abanicó. Spahn le repitió el mismo lanzamiento, pero un poquito más alto. Cepeda lo dejó pasar y tuvo razón, bola mala. Ahora venía una curva que parecía que lo iba a golpear; le tiró para quitársela de encima y sacó un rolin de fao por primera. Con el próximo lanzamiento Felipe salió al robo de segunda, pero Cepeda dio un flai a la tercera para acabar el inning. Hasta aquí se ha jugado un juego normal de 9 innings, pero el cansancio no se asoma; parece que es verdad que Marichal montó más caballo que John Wayne. (Escrito sin Inteligencia Artificial).

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