“No intenté escribir ficción hasta que llegué a la adolescencia”

Gustavo Olivo Peña es, ante todo, un periodista de vasta trayectoria, conocedor de las redacciones porque ha pasado la mayor parte de su vida en ellas, pero también es un escritor con un estilo llano y exquisito manejo del lenguaje. Ha publicado el volumen de relatos Un hombre discreto y otras historias. Se ha desempeñado como reportero y fue jefe de redacción en diferentes medios, entre ellos El Caribe y el semanario Clave, donde fue editor en jefe del portal Clave Digital, y recientemente ha anunciado su retiro del periodismo activo. Trabajó en el portal digital Acento, donde también conduce, para el canal digital de ese mismo sitio web, el programa de TV A partir de ahora, un ameno espacio de intercambio con figuras del arte y de las letras.

¿Dónde naciste y dónde cursaste tus estudios?
Nací en San Francisco de Macorís, provincia Duarte. Soy hijo del matrimonio de Justo Olivo y Nina Peña. Cursé la primaria en la escuela Padre Brea, y la secundaria en el liceo Ercilia Pepín. En ambas escuelas tuve la fortuna de contar con muy buenos docentes. Estudié comunicación social, con énfasis en el periodismo, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

¿Qué te llevó a elegir el periodismo como carrera?
Elegí el periodismo porque la he considerado siempre una profesión hermanada con la literatura. Pensé que podía trabajar el periodismo sin alejarme de la literatura, de leer a mis autores predilectos, y al mismo tiempo intentar escribir mis propios libros. Otra razón tiene que ver con la cercanía del periodismo, sobre todo en la labor de reportero, con la gente, con todo lo humano, no sólo por vocación de servicio a los demás, sino porque esas vivencias vienen a ser la materia prima para las ficciones literarias.

¿Cómo fueron tus años de universidad?
Los años universitarios me enriquecieron, humanamente hablando. Me conocí mejor a mí mismo; reflexioné mucho sobre la vida, la humanidad, el universo. Hice lecturas fundamentales. Conocí a muchos de mis mejores amigos, a los que todavía conservo. Atesoro todo lo vivido en las aulas y en el campus universitario. Muchas de mis historias de ficción nacieron en esos años.

¿Cuáles fueron los desafíos más importantes que tuviste que enfrentar a lo largo de tu carrera?
Los principales desafíos en el ejercicio de la profesión de periodista están vinculados con el respeto a los principios éticos, a la propia integridad personal, que en algunas circunstancias coliden con las exigencias y los intereses del empleador. Al periodista, a veces, se le pueden poner barreras al tratar determinados asuntos que afecten a la empresa propietaria del medio o a los grandes anunciantes. Si se trata de un tema menor, menor en el sentido de que no afecta a la ciudadanía en general, el periodista no se resiente; pero cuando tiene que ver con asuntos que atañen al colectivo, al país, que tocan la vida de mucha gente, entonces resulta doloroso que se impongan presiones o se le censure. Y hay que tomar en consideración que el periodista es un empleado, no dueño de medios, y hay ocasiones en que no se puede dar el lujo de perder el sustento de su familia o de afectar a la empresa en que se gana el pan. El asunto es más delicado cuando el periodista ocupa una función ejecutiva. Creo que todo el que ha ejercido esta profesión en grandes medios, sabe de lo que hablo.

¿Qué significó para ti la experiencia del semanario Clave?
La experiencia del impreso semanario Clave es única e irrepetible. Contábamos con un equipo de profesionales de altísima suficiencia, además de la integridad y la calidad humana. Era un periódico bien planificado, con temas propios, además de un diseño de vanguardia. Cada número se agotaba el mismo día. Todavía hay quienes conservan colecciones de todos los ejemplares. No sé si en estos tiempos, en que la industria de los medios, especialmente en los impresos y la televisión convencional, está sacudida por la crisis de sostenibilidad, podría surgir un medio igual o parecido al semanario Clave.

¿Cuáles fueron los libros o autores que más influyeron en tu manera de pensar?
Los autores y libros que influyeron en mi visión de la vida, y seguramente en la literatura, los puedo dividir por etapas de mi existencia. Primero fueron los poetas, entre los cuales incluyo a Fabio Fiallo, Rubén Darío, José Martí, Whitman, Pedro Mir, Manuel del Cabral, Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni. En una segunda etapa, para la época universitaria, me influyeron mucho Pessoa, Vallejo, Neruda, Paz, Emily Dickinson, Benedetti, entre otros. De los narradores que me marcaron puedo recordar a Bosch, García Márquez, Vargas Llosa, Rulfo, Carlos Fuentes, Onetti, Carpentier, Luis Rafael Sánchez, Giovanni Papini, Víctor Hugo, Kafka, Tolstói, Dostoyevski, por sólo citar los nombres que llegan a mi memoria. Y hubo una época en que leía mucho a pensadores, pero más que a los antiguos griegos, a autores como Nietzsche, a Papini en sus polémicos y provocadores ensayos; a Sartre, Ortega y Gasset, Unamuno, Kierkegaard, Ingenieros.

¿Cómo nace tu vocación literaria?
Creo que la vocación literaria me surgió desde niño, pero no intenté escribir ficción hasta que llegué a la adolescencia. Primero escribía poesía, pero un suceso, que narro en mi cuento La muerte del poeta (en sus dos versiones) me apartó de la escritura de versos, y me concentré en la narrativa. La etapa universitaria fue fundamental, aunque rara vez publicaba algo de manera suelta, y no fue sino en la etapa más adulta cuando me decidí a publicar mi primer libro Un hombre discreto y otras historias.

¿Cuál es tu rutina, si la tienes, a la hora de escribir?
Mi rutina de lectura y de escritura siempre estuvo vinculada al demandante ejercicio del periodismo, sobre todo cuando se tienen responsabilidades ejecutivas, que apenas se cuentan con las horas nocturnas y las madrugadas. Pero ahora, ya retirado del periodismo diario, dispongo de más tiempo, y trato de escribir todos los días, trabajar todos los días en los libros que me he propuesto; leo sobre todo de madrugada, luego reviso lo escrito, corrijo, agrego, prosigo escribiendo; en las noches, de nuevo, leo primero, luego escribo. Todo esto sin descuidar los apuntes de las ideas e imágenes que surgen, que luego servirán para la creación literaria.

¿Crees que el país debería tener una política del libro más definida?
Sobre el libro en República Dominicana, sí tenemos una política desde el ministerio de Cultura, pero también desde el ministerio de Educación. Ambas instituciones mantienen la promoción permanente, sobre todo en el ámbito escolar; me gustaría que desde el Gobierno la promoción del libro dominicano fuera una prioridad. Ahora bien, pienso que lo ideal sería que, además de la política oficial sobre el libro y la lectura, contáramos en el país con una industria editorial vigorosa, de inversión privada, con empresarios que descubran que es negocio impulsar el libro y la lectura. El papel del Estado ha de ser el auspicio de políticas que alienten a los autores y entusiasmen a nuevos lectores, pero la industria editorial, como en otros países, debe ser decisiva, y corresponde al sector privado.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes escritores?
A los jóvenes escritores les recomiendo que lean mucho, que nunca dejen de leer, que se gocen de todos los géneros literarios. Aunque no escriban poesía, deben leer a los poetas; aunque lo suyo sea la poesía, deben leer novelas, cuentos y teatro. Todo sirve, todo enriquece. Pero deben leer sin prejuicio, y forjarse su propia opinión.

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