De la caída de Trujillo a la ONU: Balaguer y el nuevo escenario político dominicano

La muerte de Trujillo abrió una transición marcada por presiones internas y externas, y esfuerzos del gobierno de Balaguer por recolocar al país en el escenario internacional

En esta entrega de Zona Retro, reconstruimos el contexto político y social que atravesaba la República Dominicana apenas unos meses después del asesinato de Rafael Leónidas Trujillo. Su muerte, ocurrida el 30 de mayo de 1961, quebró el orden político que durante más de tres décadas había dominado al país y abrió una disputa por el rumbo que tomaría la nación.

Una República Dominicana en transición
Mientras distintos sectores reclamaban una apertura política y la celebración de elecciones, las estructuras heredadas del antiguo régimen continuaban teniendo un peso importante en la vida nacional.

En medio de ese escenario, el Gobierno de Joaquín Balaguer intentaba conducir un proceso que combinaba las presiones internas con la necesidad de mejorar la posición de la República Dominicana en el ámbito internacional.

Fue en ese contexto cuando el mandatario anunció un viaje a las Naciones Unidas que tendría como escenario la Asamblea General y como uno de sus principales temas la situación que atravesaba el país.

El viaje que llevaría a Balaguer ante la ONU
En la mañana del 30 de septiembre de 1961, Balaguer anunció ante representantes de la prensa nacional y extranjera el viaje que realizaría a las Naciones Unidas. Durante unas declaraciones ofrecidas en el salón contiguo a su despacho en el Palacio Nacional, informó que se trasladaría a Nueva York para pronunciar ante la Asamblea General un discurso sobre la situación dominicana.

El anuncio se produjo en momentos en que los grupos políticos de oposición ultimaban sus demandas para incorporarse a un Gobierno de coalición, una fórmula planteada por Balaguer con el propósito de reducir la tensión que dominaba el escenario político nacional.

El mandatario esperaba prestar especial atención a las condiciones planteadas por los opositores una vez regresara de su viaje. La política interna, por tanto, continuaba ocupando un lugar central en una transición todavía marcada por la incertidumbre.

En los días previos a su partida también circularon distintas versiones sobre el contenido del discurso. Según informaciones difundidas entonces por la prensa, Balaguer preparaba una intervención de marcado carácter prooccidental, con la intención de destacar y proyectar la posición de la República Dominicana en el escenario internacional.

Su viaje generó expectativas entre algunos sectores de la oposición. Mientras el mandatario se disponía a salir del país, algunos dirigentes se preguntaban qué ocurriría con sus propuestas para integrar un Gobierno de coalición. En las primeras horas, sin embargo, no hubo pronunciamientos oficiales al respecto.

La llegada a Nueva York
La noche del 1 de octubre, Balaguer arribó a Nueva York, donde tenía previsto dirigirse a la Asamblea General de las Naciones Unidas durante la mañana siguiente.

El presidente y su ministro de Relaciones Exteriores, Ambrosio Álvarez, fueron los últimos pasajeros en descender del avión de la Panamerican World Airways, que aterrizó a las 9:20 de la noche, hora de Nueva York, como parte de uno de los vuelos regulares de la compañía.

A su llegada, Balaguer y los integrantes de su comitiva fueron recibidos por Jehan de Noue, jefe de Protocolo de las Naciones Unidas. Poco después, fueron conducidos a una oficina especial del Departamento de Sanidad de los Estados Unidos, habilitada para atenderlos por separado del resto de los pasajeros.

Cuando un reportero le solicitó en inglés unas declaraciones, Balaguer consultó brevemente con uno de sus asistentes y, sonriente, respondió en español que se sentía satisfecho de encontrarse en los Estados Unidos y de tener la oportunidad de expresar los sentimientos amistosos del pueblo dominicano.

Poco después, el mandatario abordó un automóvil junto al canciller Ambrosio Álvarez y Carlos Sánchez, embajador de la República Dominicana ante las Naciones Unidas. El vehículo los condujo hacia Nueva York, mientras se mantenía en reserva el lugar donde Balaguer y su comitiva se hospedarían.

A la llegada también acudió un grupo de funcionarios consulares y representantes diplomáticos de la República Dominicana, quienes recibieron al mandatario y a sus acompañantes.

Balaguer lleva las sanciones ante la ONU
Al día siguiente, Balaguer llevó al escenario internacional una de las principales preocupaciones que enfrentaba entonces la República Dominicana: las sanciones que pesaban sobre el país y sus consecuencias económicas y diplomáticas.

Ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mandatario solicitó el levantamiento de las medidas que mantenían al país bajo presión internacional. Su intervención buscaba colocar la situación dominicana en el centro de la atención de los países reunidos en aquella jornada.

En su discurso, de unas 4,500 palabras y aproximadamente 45 minutos de duración, Balaguer afirmó que sobre la República Dominicana “gravitaba una dura sentencia”. El mandatario sostuvo que el país llevaba más de un año sometido a una situación que calificó como una “sentencia de proscripción”.

Según expuso, las sanciones habían colocado a la República Dominicana en una condición de aislamiento económico y diplomático, que comparó con el trato reservado a una nación “apestada”.

En el desarrollo de su intervención, Balaguer también se refirió a la Sexta Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, celebrada en 1960 en San José de Costa Rica. Recordó que en aquel encuentro fueron adoptadas las medidas de sanción contra la República Dominicana, aunque señaló que no consideraba oportuno detenerse en ese momento a discutir la justicia o las razones que habían dado origen a aquellas decisiones.

El planteamiento formaba parte del esfuerzo del Gobierno dominicano por modificar la situación internacional heredada de los últimos años del régimen de Trujillo y abrir una nueva etapa en las relaciones del país con el exterior.

Pero el discurso no se limitó a las sanciones. Balaguer también aprovechó la tribuna internacional para advertir sobre lo que consideraba un riesgo para el hemisferio.

La advertencia sobre el comunismo
En otro momento de su intervención, Balaguer sostuvo que era necesario que los países de América observaran con atención y objetividad la situación que atravesaba la República Dominicana.

Según planteó, ese seguimiento era necesario ante el riesgo que, desde su perspectiva, representaba una nueva expansión del comunismo desde el Caribe hacia el resto del continente.

El mandatario insistió en la urgencia de que la comunidad internacional fijara su atención en los acontecimientos que se desarrollaban en el país. A su juicio, una nueva fractura en la estructura política de América podía tener consecuencias graves para el hemisferio y para la seguridad colectiva de las naciones americanas.

La situación dominicana, que hasta entonces había estado estrechamente vinculada al régimen de Trujillo, comenzaba a ser observada bajo una nueva perspectiva mientras el país intentaba definir el rumbo de su transición.

Las dificultades de la apertura política

Pero mientras Balaguer exponía ante la comunidad internacional la situación que, según su visión, enfrentaba la República Dominicana, dentro del país la transición continuaba marcada por profundas tensiones.

El Gobierno había anunciado la celebración de elecciones como parte del proceso destinado a encaminar al país hacia una apertura democrática. Sin embargo, el clima político estaba condicionado por las advertencias del entonces jefe de las Fuerzas Armadas, Rafael Leónidas (Ramfis) Trujillo, quien sostenía que grupos comunistas se habían infiltrado en sectores de la oposición.

Aquellas denuncias generaron incertidumbre entre los dirigentes políticos y pusieron nuevos obstáculos al avance del proceso electoral. En ese escenario, las agrupaciones señaladas por las autoridades de estar bajo influencia o control comunista eran declaradas ilegales, mientras sus dirigentes podían ser encarcelados o enviados al exilio.

La campaña de hostigamiento emprendida por sectores vinculados al trujillismo contra miembros de la oposición comenzó, además, a generar dudas entre esos sectores sobre el alcance real de la apertura política anunciada por el Gobierno.

Una transición todavía por definir
El viaje de Balaguer a las Naciones Unidas ocurrió, así, en medio de una transición que todavía no tenía definido su rumbo. Mientras el mandatario buscaba ante la comunidad internacional modificar la situación exterior de la República Dominicana, dentro del país persistían las disputas sobre las condiciones de la apertura política, la celebración de elecciones y el papel que tendrían las fuerzas heredadas del antiguo régimen.

Apenas cuatro meses después de la muerte de Trujillo, la República Dominicana se encontraba ante una tarea mucho más compleja que sustituir a un gobernante: debía comenzar a desmontar un sistema político que había condicionado durante décadas la vida nacional y definir las bases del nuevo orden que habría de surgir de aquella transición.

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