El Caribe y la huella de una explosión fulminante: Palma Sola

A partir de testimonios y documentos de la época se reconstruye el trágico desenlace de las acciones emprendidas por los cinco hermanos Rodríguez Ventura en el mencionado paraje

Hace 63 años ocurrió un sangriento episodio cuando fuerzas del Ejército y la Policía Nacional, en coordinación con las autoridades judiciales, llevaron a cabo un operativo para poner fin a la superchería y a la explotación del fanatismo religioso en Palma Sola. La Zona Retro reconstruye este hecho a partir de testimonios y documentos publicados en el periódico El Caribe, un suceso que dejó más de 42 muertos y varios heridos.

En ese contexto, se pudo dialogar con Medardo Céspedes, Vicente de los Santos, Ezequiel Alcántara, César Enrique Cuevas, Manuel Tapia Cubilete y Gerardo Cuevas Agramonte.

Sobrevivientes que narran la historia

En una entrevista publicada por El Caribe el 30 de diciembre de 1962, dos campesinos, Medardo Céspedes y Gerardo Cuevas Agramonte, detenidos tras la tragedia declararon haber presenciado el inicio de la agresión que provocó la muerte del general de brigada Manuel F. Rodríguez Reyes y, posteriormente, la de más de cuarenta campesinos seguidores del “dios Liborio”.

Céspedes y Cuevas afirmaron que el militar fue herido con un arma blanca en la parte posterior del cuello y que, tras caer al suelo, fue brutalmente golpeado con palos por sus atacantes.

De acuerdo con los testimonios, la agresión fue iniciada por un individuo identificado únicamente como Onilio y por otra persona no identificada; ambos fallecieron poco después a consecuencia de los disparos realizados por la Policía.

Céspedes y Cueva integraron el grupo de 250 prisioneros trasladados al cuartel general de la Policía tras su detención en Palma Sola. En total, fueron apresadas 673 personas, mientras que el resto permaneció en San Juan de la Maguana.

Por su parte, Cuevas consideró que los supuestos agresores actuaron con rapidez, ya que el general Rodríguez “estaba conversando de manera tranquila con nosotros”. Además, afirmó que los disturbios comenzaron cuando un agente de la policía solicitó a uno de los habitantes de Palma Sola que entregara un cuchillo que llevaba debajo de la camisa, pero se encontró con resistencia.

En ese sentido, responsabilizó a los hermanos Tulio y Plinio Rodríguez Ventura, conocidos como Los Mellizos de Palma Sola, de provocar la tragedia, “porque ellos se enfrentaron a las autoridades”.

Además, respondió a las preguntas del procurador de la República, doctor Antonio García Vásquez, y
admitió que, si las autoridades no hubieran disparado sus armas, “a estas horas estarían muertos”.

Ezequiel Alcántara afirmó que en el campamento de Palma Sola se rumoraba que para el 1° de enero se repartirían armas a todos los presentes y que luego votarían por el partido que se les indicara. Aunque aseguró no saber cómo llegarían las armas, declaró que en una ocasión había residido en Palma Sola un ingeniero haitiano “que lo habían enviado a buscar desde la capital”.

Ninguno de los entrevistados por la prensa pudo proporcionar el nombre del supuesto ingeniero haitiano, ni explicar quién lo había enviado a buscar a Santo Domingo.

Quedó claro que ninguno de los detenidos había participado en las elecciones del día 20, ya que, aunque afirmaban haberlo hecho, no pudieron explicar varios de los procedimientos necesarios para ejercer el voto.
A simple vista, Alcántara parecía formar parte de la “guardia” que prestaba servicios en Palma Sola, ya que vestía el uniforme característico de camisa azul y pantalones azul oscuro.

Alcántara, quien aparentemente era el más locuaz entre los detenidos, declaró que “lo hicieron poner esta cosa, pero él no creía en nada de eso”.

Por su parte, César Enrique Cuevas se definió como el responsable de inscribir a los creyentes. Señaló que, al llenar un cuaderno, lo colocaba en una funda de donde luego lo retiraba Plinio Rodríguez Ventura.

“Yo inscribí como 10,000”, afirmó.

Testigos revelan otros detalles de los hechos

Por otra parte, el agricultor Policarpio Vicente informó a las autoridades de San Juan de la Maguana que Plinio Rodríguez Ventura, uno de los Mellizos, mantenía contacto con tres mujeres y tres hombres que, por su aspecto, parecían “personas de clase alta y acomodadas”.

No obstante, señaló que ese grupo aparentemente no participaba en los ritos liboristas, ya que se mantenía encerrado en una casa de zinc, a la cual únicamente tenía acceso un hombre llamado Peché, maestro de escuela, quien recibía instrucciones de esas personas.

Parte de los ejercicios militares estaba bajo la supervisión de un “cabo”, que Vicente dijo que se apellidaba De los Santos, y quien “poseía un revólver que le habían traído desde Haití”.

Según afirmaba, las instrucciones militares eran recibidas por unos 5,000 hombres organizados en pelotones de cincuenta, quienes se alimentaban con dos reses diarias y siete fanegas de arroz. No se supo quién financiaba la alimentación en ese momento.

Un informe confidencial en poder de las autoridades señalaba que en Palma Sola se esperaba la llegada de más armas provenientes de Haití.

La culminación trágica de los hechos

Según las publicaciones de distintas ediciones del periódico El Caribe entre el 28 y el 30 de diciembre, la acción de un grupo de hombres que había establecido un centro de superchería, que prácticamente paralizó las labores agrícolas, socavó las creencias religiosas de miles de personas y quebrantó los principios más elementales de la moral, terminó con más de treinta cadáveres dispersos por toda la zona.
Entre los cadáveres hallados se encontraban los de los hermanos Eloy, Plinio, Tulio y Nicolás Ventura, quienes dirigían aquel trágico centro. De los cinco Mellizos de Palma Sola, solo sobrevivió León Romilio Rodríguez Ventura, quien fue detenido y trasladado a la cárcel de San Juan de la Maguana desde mediados de ese diciembre.

En total se hallaron 42 cadáveres, entre ellos los de dos hijas de Eloy, y todos fueron posteriormente incinerados.

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