Festival de Música Interamericano: el gran hito sonoro que marcó 1972

Tres noches, dos orquestas y grandes directores: una experiencia única en la República Dominicana.

En el marco de la celebración del Festival Interamericano de Música, la Orquesta Sinfónica de la República Dominicana protagonizó uno de los momentos más destacados del evento, bajo la dirección de Manuel Simó y con la participación del pianista Manuel Rueda como solista.

Con motivo de conmemorarse hoy el 54 aniversario del gran estreno en Latinoamérica del Himno a la Paz, de Pablo Casals, Zona Retro rinde homenaje a este memorable acontecimiento mediante un recuento histórico del festival.

Apertura: La gran noche

Con la participación de numerosos artistas reconocidos y la presentación de grandes estrenos, el 20 de marzo de 1972 el Palacio de Bellas Artes dio inicio al Festival Interamericano de Música. El evento, que se extendió por tres días, cautivó la escena musical con la participación estelar de las orquestas sinfónicas de la República Dominicana y de Puerto Rico.

La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico inauguró el festival y, según reseñas de la prensa de la época, ofreció una actuación de magnífica calidad. El programa, integrado por obras de compositores modernos que se escuchaban por primera vez en Santo Domingo, fue interpretado con gran brillantez bajo la dirección del maestro chileno Victor Tevah.

Tevah fue considerado un director completo: sobrio, aunque no frío. Dirigía con claridad, sin afectación, y con notable precisión y naturalidad. Su presencia se imponía gracias a su brillante y atractiva personalidad, y se distinguía por poseer una acentuada musicalidad.

Durante su presentación, el cuerpo musical respondió plenamente a las exigencias del maestro, estableciéndose entre el director y los músicos una comunicación clara que permitió la cohesión y la adecuada coordinación instrumental. Las secciones de metales y maderas del conjunto puertorriqueño destacaron por su brillante desempeño, logrando intervenciones muy acertadas en la apertura del festival.

La Orquesta Sinfónica Nacional y su gran momento

La segunda noche del Festival Interamericano de Música se distinguió por la apasionada y brillante interpretación del Concierto en Fa para piano y orquesta de George Gershwin, con Manuel Rueda como solista, así como por el imponente cierre con la Sinfonía India de Carlos Chávez, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Las actuaciones del maestro Manuel Rueda y de la Orquesta Sinfónica, bajo la dirección de Manuel Simó en el auditorio del Palacio de Bellas Artes, se erigieron como los momentos más destacados de la segunda noche del festival.

En este contexto, la música de George Gershwin, vibrante, fresca y concebida con espontaneidad y un espíritu juvenil, fue transmitida al público de manera cautivadora por el maestro Manuel Rueda. Con vigor, energía, musicalidad y una técnica depurada, evidenció su virtuosismo desde su entrada en el desarrollo del tema lírico del primer movimiento hasta la breve, pero efectiva, coda final.

Su actuación, junto a la de la Orquesta Sinfónica, fue reconocida con entusiastas aplausos de un público que, puesto de pie, obligó al pianista y al director a salir en varias ocasiones al proscenio.

En lo que respecta al conjunto, esta interpretó Tres preludios, de la compositora dominicana Margarita Luna de Espaillat, obras concebidas dentro de la técnica de la música serial. De carácter hermético y en ocasiones desconcertante, pero cuidadosamente elaboradas, estas piezas requieren de audiciones reiteradas para ser plenamente apreciadas por un público aún poco familiarizado con este lenguaje musical.

No obstante, el momento más sobresaliente de la noche por parte de la Orquesta Sinfónica se produjo con la interpretación de la Sinfonía India de Carlos Chávez, cuya anterior visita al país, dos años antes del festival de 1972, había sido recibida con notable éxito.

La obra, concebida en un solo movimiento, incorpora temas indígenas recopilados por el autor entre los pueblos seris, huicholes y yaquis. Tras una breve introducción, emerge un ritmo enérgico que da paso a una melodía de origen huichol. Posteriormente, el clarinete desarrolla un canto que conduce a un clímax, del cual surge otra melodía procedente de los indígenas de Sonora.

En la sección final, luego de una recapitulación de los elementos anteriores, irrumpe la vigorosa tonada de una danza seri, generando una creciente sensación de tensión y exaltación que se intensifica de forma rítmica y febril hasta alcanzar el clímax definitivo de la sinfonía.

La Orquesta Sinfónica interpretó la sección final de la obra de manera impresionante y espectacular, con un ritmo insistente que crecía y se intensificaba, repitiéndose para elevarse nuevamente y mantener al público en un evidente estado de tensión.

Al concluir, tanto Simó como los integrantes del conjunto sinfónico fueron recompensados con una ovación cerrada por parte del público.

El maestro Victor Tevah, junto a algunos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, saludaba al público al concluir una de las piezas del concierto .

Grandes participaciones en el festival

El programa del festival contempló el estreno del Himno a la Paz, del maestro Pablo Casals, quien dirigió personalmente, en la última noche, tanto a la orquesta dominicana como a la puertorriqueña.

Asimismo, durante el desarrollo del evento, cinco directores de orquesta subieron al podio para conducir las interpretaciones de obras de diez compositores del continente

Entre ellos figuraron, además del maestro Pablo Casals, Victor Tevah, Manuel Simó, Carlos Piantini y Guillermo Espinosa, quien se desempeñó como director musical del festival.

Asimismo, participaron el Coro Nacional, el clarinetista Bienvenido Bustamante, así como los músicos puertorriqueños Jesús María Sanromá, pianista, y Kachiro Figueroa, violinista.

El pianista Manuel Rueda durante su interpretación del Concierto en Fa de George Gershwin, acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección del maestro Manuel Simó.

Obra con propósito

Los recursos obtenidos se destinaron a la creación de la Academia de Música del Caribe en Santo Domingo, proyectada como un centro de formación superior con clases durante los veranos de cada año. Para ello, se estableció una contribución de $25.00 que daba acceso a las distintas noches del festival.
En ese sentido, se contempló la contratación de músicos de reconocido prestigio internacional para impartir las cátedras.

En respaldo a la iniciativa cultural

El evento contó con el auspicio de la Organización de Estados Americanos (OEA), así como de los gobiernos de la República Dominicana y Puerto Rico, el Festival Casals y el Music Performance Trust Funds de Nueva York. Por su parte, el Banco Popular Dominicano patrocinó una función en el Teatro Vega Real, en la ciudad de La Vega, en la que se presentó la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico.

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