Un estudio publicado en la revista PLOS Biology sugiere que el gran tamaño del pene humano evolucionó no solo por razones reproductivas, sino también por una doble función en la selección sexual: atraer a posibles parejas y servir como señal perceptiva en la competencia entre hombres.
Para llegar a esta conclusión, investigadores australianos analizaron las respuestas de más de 800 participantes que evaluaron 343 figuras masculinas generadas por computadora con distintas combinaciones de altura, complexión corporal y tamaño del pene. Mientras las mujeres calificaron el atractivo sexual de las figuras, los hombres valoraron qué tan amenazantes resultaban como posibles rivales físicos o sexuales.
Los resultados mostraron que las mujeres tienden a preferir figuras más altas, con hombros anchos y penes más grandes, aunque con límites claros. Según el estudio, “más allá de cierto umbral, aumentos adicionales en el tamaño del pene, la altura o la anchura de los hombros ofrecen beneficios menores en términos de atractivo”.
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En contraste, los hombres percibieron de forma consistente que los modelos con rasgos más exagerados representaban mayor amenaza sexual, lo que indica una posible sobreestimación de lo que las mujeres consideran atractivo.
Los autores comparan este fenómeno con otros rasgos presentes en especies animales, como la melena del león o las astas del ciervo, que cumplen funciones similares de atracción y advertencia. Además, destacan que el impacto del pene como adorno sexual es “entre cuatro y siete veces mayor que su función como señal de capacidad física”.
Michael D. Jennions, coautor del estudio de la Universidad Nacional de Camberra, explicó:
“Aunque la función principal del pene humano es transferir esperma, nuestros resultados sugieren que su inusual tamaño grande evolucionó como un adorno sexual para atraer a las mujeres, más que como una simple insignia de estatus para asustar a los hombres, aunque hace las dos cosas”.
Los investigadores reconocen que factores como la personalidad, los rasgos faciales y las diferencias culturales también influyen en la atracción, pero sostienen que sus hallazgos ofrecen una de las explicaciones más sólidas hasta ahora sobre esta singular característica humana.
