Parejas con diferencia de libido: ¿Por qué uno quiere más sexo que el otro?

Según la psicóloga clínica, terapeuta sexual, familiar y de pareja, Ana Simó, este tema es “más frecuente de lo que la gente piensa”

Parejas con diferencia de libido: ¿Por qué uno quiere más sexo que el otro?
Parejas con diferencia de libido: ¿Por qué uno quiere más sexo que el otro?

En muchas relaciones de pareja hay amor, estabilidad y proyectos en común, pero un tema íntimo puede generar tensiones silenciosas: el deseo sexual no siempre coincide. Mientras uno busca mayor frecuencia o intensidad en la intimidad, el otro puede sentirse menos interesado, cansado o simplemente desconectado.

Esta diferencia, conocida como “deseo sexual discrepante” es el tema que abordaremos en nuestra sección Sexualidad Activa del Caribe, ya que es más común de lo que se cree y no necesariamente implica falta de amor.

Según la psicóloga clínica, terapeuta sexual, familiar y de pareja, Ana Simó, este tema es “más frecuente de lo que la gente piensa” y forma parte de las consultas habituales en terapia.

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Un fenómeno más común de lo que parece

Parejas con diferencia de libido

Especialistas en psicología y sexología coinciden en que la libido no es estática ni universal. Está influenciada por factores biológicos —como las hormonas—, pero también por elementos emocionales, contextuales y relacionales. El estrés, la rutina, los conflictos no resueltos o incluso problemas de autoestima pueden afectar directamente el deseo.

En ese sentido, Simó advierte que “la rutina diaria y los factores externos debilitan la intimidad entre las parejas”, por lo que insiste en la importancia de cuidarla de manera consciente.

“Los factores pueden cambiar, pero eso no significa que se murió el sexo”, subraya la especialista.

El impacto emocional del rechazo (y la presión)

Parejas con diferencia de libido

Cuando las diferencias no se abordan, pueden surgir interpretaciones dañinas. Quien tiene mayor deseo puede sentirse rechazado, poco atractivo o ignorado. Por otro lado, quien tiene menor interés puede experimentar presión, culpa o ansiedad ante las expectativas de su pareja.

Psicólogos advierten que, en estos casos, el problema no es solo sexual, sino también comunicacional. El silencio o la evasión tienden a agrandar la distancia emocional.

Simó también alerta que, en la actualidad, “la falta de deseo sexual se ha convertido en una especie de pandemia en consulta”, reflejando el impacto de factores emocionales y sociales en la vida íntima.

Factores de riesgo en la relación

La discrepancia de libido puede agravarse si se combina con otros elementos:

  • Falta de comunicación abierta sobre sexualidad
  • Rutina o monotonía en la relación
  • Altos niveles de estrés laboral o familiar
  • Cambios físicos o de salud
  • Conflictos emocionales no resueltos
  • Uso del sexo como mecanismo de control o castigo

Si estos factores se mantienen en el tiempo, pueden derivar en resentimiento, distanciamiento o incluso ruptura.

Lo que dice la sexología

Desde la mirada de los expertos, el deseo no siempre surge de manera espontánea. Existe también el deseo reactivo, que aparece en el contexto de la intimidad y no necesariamente antes. Esto significa que muchas personas pueden no “sentir ganas” inicialmente, pero sí disfrutar una vez que se genera el encuentro.

Además, la idea de que las parejas deben tener una frecuencia sexual “ideal” es un mito. Lo importante es que ambos miembros se sientan satisfechos y escuchados.

Ante la pregunta de si el deseo sexual puede trabajarse, Simó es clara: sí, pero no de forma superficial. “No se trabaja de manera horizontal, sino revisando todas las áreas para identificar las causas”, explica.

La especialista señala que los factores que afectan el deseo son diversos, entre ellos la ansiedad, los problemas emocionales o incluso la pérdida de un ser querido.

¿Se puede encontrar un equilibrio?

Los especialistas coinciden en que sí, pero requiere voluntad de ambas partes. Algunas estrategias incluyen:

  • Fomentar una comunicación honesta y sin juicios
  • Evitar la presión o el chantaje emocional
  • Negociar acuerdos sobre la intimidad
  • Ampliar el concepto de conexión (afecto, caricias, tiempo juntos)
  • Romper la rutina con nuevas dinámicas
  • Considerar terapia de pareja o acompañamiento sexológico

En este punto, Simó recomienda que, en lugar de señalarse, las parejas busquen entenderse: la empatía es clave para reconstruir la conexión.

Una conversación necesaria

Ignorar el tema no lo hace desaparecer. Por el contrario, hablar sobre el deseo —sin culpas ni reproches— permite construir una intimidad más consciente y saludable.

Porque, al final, no se trata de cuánto sexo tiene una pareja, sino de cómo logra entenderse, respetarse y conectar en uno de los aspectos más sensibles de la vida en común.

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