Un estudio realizado por investigadores del University College de Londres y del Consejo Nacional de Investigación de Italia descubrió que el cerebro humano activa dos circuitos neuronales distintos para producir la risa, dependiendo de si esta surge de manera espontánea o si responde a una función social.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Trends in Neurosciences y aportan nuevos conocimientos sobre el funcionamiento de las emociones y la comunicación entre las personas.
Dos tipos de risa con un origen diferente
La investigación concluye que la risa espontánea, vinculada a emociones genuinas de alegría, se origina en regiones relacionadas con el sistema de recompensa y las emociones. Entre ellas se encuentran la corteza cingulada anterior, el núcleo accumbens y el polo temporal.
Cuando estas áreas se activan, la risa suele ir acompañada de sensaciones de bienestar, felicidad o euforia.
Para identificar estos mecanismos, los científicos analizaron datos obtenidos durante procedimientos médicos en pacientes con epilepsia que permanecían despiertos mientras determinadas zonas de su cerebro eran estimuladas eléctricamente. En algunos casos, esa estimulación provocó episodios involuntarios de risa, lo que permitió localizar las regiones implicadas.
La risa social no siempre refleja felicidad
El estudio también identificó un segundo circuito cerebral responsable de la risa voluntaria, utilizada con frecuencia durante conversaciones, reuniones o situaciones de cortesía.
En este caso intervienen regiones relacionadas con el control motor y con las estructuras que participan en el habla. Los investigadores observaron que esta forma de reír puede producirse incluso cuando la persona no experimenta emociones positivas intensas.
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Por ello, explican que una sonrisa o una carcajada no siempre son una señal de felicidad auténtica, sino que también cumplen una función dentro de la comunicación social.
La neurocientífica Sophie Scott, una de las autoras del trabajo, señaló que este es el tipo de risa más habitual en la vida cotidiana, ya que se sincroniza con precisión durante las conversaciones y facilita la interacción entre las personas.
Posibles aplicaciones para la salud
Los investigadores consideran que estos hallazgos podrían contribuir a comprender mejor diversas enfermedades neurológicas y psiquiátricas que alteran los mecanismos de la risa, entre ellas el Alzheimer, algunos trastornos convulsivos, la esquizofrenia y ciertas alteraciones del estado de ánimo.
Además, el estudio refuerza investigaciones previas que indican que la risa espontánea puede actuar como un analgésico natural. Esto se debe a que la corteza cingulada anterior también participa en los mecanismos cerebrales encargados de modular la percepción del dolor.
Un comportamiento con raíces evolutivas
Los autores sostienen que la risa espontánea sería una conducta mucho más antigua desde el punto de vista evolutivo. Estudios recientes han identificado vocalizaciones similares a la risa en distintas especies de mamíferos durante actividades de juego y socialización, lo que sugiere que estas señales ayudaban a reducir la agresividad y fortalecer los vínculos dentro de los grupos.
En cambio, la risa voluntaria habría surgido más tarde junto con el desarrollo del lenguaje y de formas más complejas de comunicación humana.
Aunque todavía quedan preguntas por responder, la investigación ofrece una conclusión clara: el cerebro diferencia entre la risa que nace de una emoción genuina y aquella que utilizamos como herramienta para relacionarnos con los demás.
