Desde inicios de la época de los noventa, la cosmiatra ha construido una carrera basada en la formación
La constancia, formación y servicio han sido claves para la especialista en cuidado facial Mónica Gutiérrez, cuya trayectoria profesional inició a principios de la década de los noventa y se ha consolidado a lo largo de más de treinta años de experiencia.
El acercamiento de Mónica al mundo del cuidado de la piel comenzó en 1990, cuando acudió al Instituto Dermatológico en busca de una oportunidad laboral como secretaria.
Aunque ese era el puesto al que aspiraba, la vacante disponible correspondía al área de cosmiatría, lo que implicaba trasladarse a Santo Domingo para recibir capacitación especializada. En ese momento, decidió no asumir el reto.
Semanas después recibió una llamada de Hilda Rodríguez, entonces encargada del instituto, quien la motivó a reconsiderar la oportunidad. Tras esa conversación, Mónica tomó la decisión de capacitarse y dar inicio formal a su carrera como cosmiatra.
Con el paso del tiempo, la práctica y el contacto directo con los pacientes reforzaron su vocación, especialmente al observar los resultados positivos en la piel y la satisfacción de quienes acudían a sus servicios.
“Siempre veía a mis amigas con muchas espinillas y la piel deshidratada, yo tuve un brote en mi adolescencia y mi deseo era tener mi piel limpia y poder ayudar a los demás, gracias a Dios pude lograrlo”, comentó.
Retos principales
Uno de los principales retos en su trayectoria fue la inestabilidad económica durante los primeros años. Los ingresos iniciales no eran suficientes, por lo que tuvo que diversificar sus fuentes de sustento.
Entre estas, estableció una cafetería, ofreció servicios a domicilio y colaboró con distintos profesionales de la salud. Posteriormente, tuvo la oportunidad de trabajar junto a médicos especialistas en La Vega, experiencia que contribuyó a su crecimiento profesional y a la ampliación de su red de contactos.
En la actualidad, Mónica disfruta ofrecer servicios como la limpieza facial profunda, considerada su principal tratamiento, así como peeling, hidratación y dermapen.
Importancia del cuidado de la piel
Su metodología se basa en la evaluación individual del tipo de piel y en la adaptación de los procedimientos según las necesidades específicas de cada cliente.
“Siempre estoy disponible, no importa la hora ni el día, trato de recibir mis clientes hasta domingos en la noche, con los brazos abiertos y, algo muy importante es que ofrezco oportunidades de pago”, manifestó.
Para ella, la educación preventiva en el cuidado de la piel es vital, recomendando una rutina básica que incluya limpiador facial, protector solar, niacinamida y retinol.
De acuerdo con su experiencia, el error más común entre los pacientes es la falta de uso constante del protector solar, elemento que considera indispensable en cualquier rutina diaria.
Emprendimiento desde la formación
En cuanto a la frecuencia de los tratamientos, Mónica señala que la limpieza facial profunda debe realizarse de manera mensual, ajustando los intervalos según el tipo de piel y las condiciones específicas de cada persona.
De cara al futuro, la emprendedora proyecta la apertura de un local propio, con mayor amplitud y nuevos servicios, con el objetivo de optimizar la experiencia y continuar expandiendo su oferta en el sector de la estética facial.“Que no se rindan que todo se puede, hay que pasar por diferentes etapas, pero se puede”, exhortó a los jóvenes de hoy. La historia profesional de Mónica refleja el desarrollo de un emprendimiento construido a partir de la formación, la innovación y la permanencia en un sector en evolución constante.
