Para una madre trabajadora, según la doctora Diana Zayas, representa una de las transiciones más retadoras
Han transcurrido doce años desde que viví la etapa de la maternidad y la lactancia, una transición retadora, ya que el nacimiento de un hijo, por más que lo prepares, no tiene un manual de instrucciones para cada situación que va a suceder.
De hecho, no es la etapa más “romántica de la vida”; es todo un aprendizaje diario y una época en la que vences más miedos de los que nunca antes habías sentido.
Este recuerdo y la Semana Mundial de la Lactancia Materna, que se celebra todos los años del 1 al 7 de agosto, me lleva a contactar a la doctora Diana Zayas, encargada de Departamento de Inspección, Vigilancia y Control de la Administración del Riesgo de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril), que pone los puntos sobre las íes a la realidad que viven muchas mujeres hoy, alternando su visión de la maternidad y los derechos de las mujeres en este ciclo de sus vidas.
Pero, ¿qué hay detrás de la reintegración a la rutina habitual para una profesional? Para una madre trabajadora, dice Diana, representa una de las transiciones más retadoras de su vida. Es un periodo en el que convergen el amor, la responsabilidad, la incertidumbre y el deseo de seguir brindando lo mejor a su hijo sin renunciar a su desarrollo profesional.
“Cada realidad es distinta, algunas mujeres cuentan con una red de apoyo familiar, mientras que otras deben recurrir a guarderías o cuidadoras. En cualquiera de los casos, conciliar la maternidad, la lactancia y la vida laboral exige un enorme esfuerzo físico y emocional. Por eso, más que una responsabilidad individual, esta etapa requiere comprensión y acompañamiento de la familia, del empleador y de la sociedad”, explicó.
El miedo a ser rezagada profesionalmente o, en el peor de los casos, a perder el empleo, empuja a muchas mujeres a abandonar la lactancia antes de tiempo. “Toda madre trabajadora debe conocer que la maternidad y la lactancia están protegidas por nuestro marco legal. Estos derechos no constituyen privilegios, sino garantías destinadas a proteger la salud de la madre y del niño”, enfatiza Zayas.
Entre las herramientas que la ley otorga a la mujer trabajadora, se destacan tres pilares fundamentales: la licencia de maternidad (14 semanas de descanso remunerado mediante subsidio), el derecho a tres descansos de 20 minutos diarios para extracción de leche (artículo 240 del Código de Trabajo) y medio día al mes durante el primer año del bebé para consultas pediátricas (artículo 243).
A este escudo legal se suma el brazo económico del Sistema Dominicano de Seguridad Social, que contempla prestaciones en dinero como el Subsidio por Maternidad y el Subsidio por Lactancia, establecidos en el artículo 127 de la Ley número 87-01.
“Estos beneficios representan un importante apoyo para las familias y reflejan el compromiso del sistema con la protección de la maternidad y el lactante”, apuntó Diana.
Uno de los principales obstáculos es el desconocimiento. Al respecto, Zayas aclara un mito común sobre el cobro de estos beneficios económicos, dice que “aunque ambos beneficios son administrados por la Sisalril, el Subsidio por Maternidad se canaliza a través del empleador, mientras que el Subsidio por Lactancia se paga directamente a las trabajadoras que cumplen con los requisitos establecidos”.
El mensaje de la doctora para los empleadores es un llamado a ver la empatía como productividad y corresponsabilidad, ya que “una adecuada comprensión del proceso, adoptando las medidas necesarias para contribuir con una lactancia exitosa, resultará en un mayor estado de bienestar para la trabajadora y su familia y, por ende, un mejor desempeño frente a sus compromisos profesionales”.
Las fortalezas de las madres
Para las madres que están a punto de dar el paso de regreso a sus labores, el mensaje de Diana Zayas es un recuerdo de su propia fortaleza. “Les diría que confíen en sus capacidades y en el proceso. La maternidad no disminuye su valor profesional; por el contrario, fortalece otros elementos importantes como la organización, la resiliencia y el compromiso”, dice.
La lactancia materna solo es sostenible cuando la sociedad entera hace espacio para que ocurra. Es importante que las madres sepan que el Estado las apoya, pero también deben dar el paso de conocer sus derechos; esa es la clave para no transitar este camino solas.
