El Ballet Nacional de Panamá con 40 bailarines en escena roba el corazón de dominicanos. Cientos se quedan sin verlo
El Ballet Nacional de Panamá debutó en el Teatro Nacional Eduardo Brito, con El lago de los cisnes, obra de Piotr Illich Chaikovsky (la primera coreografía fue realizada por Julius Reisinger, no tuvo éxito), y la coreografía que en 1895 estrenó Marius Petipá, que es la conocida.
Dicen que es la primera vez que se aquí la obra completa en cuatro actos. En el primero Sigfrido celebra su mayoría de edad y su madre le exige que elija esposa. En la fiesta se escucha un batir de alas y al mirar al cielo, todos pueden ver una bandada de cisnes salvajes volando. El bufón le sugiere a Sigfrido que salgan a dar caza a los cisnes y él accede.
En el segundo acto, a orillas de un lago en el bosque, hay una bandada de cisnes. Sigfrido conoce a Odette, quien en realidad ha sido transformada por el malvado hechicero Von Rothbart en la reina de los cisnes. Ella le relata que el lago fue hecho con las lágrimas de su madre que había llorado tanto porque un hechicero había convertido a su hija en cisne. Solo dejará de ser cisne si un hombre la ama, se casa con ella y le es fiel. Así se rompería el sortilegio. Sigfrido dice que la ama y se casará con ella. Sigfrido pide a Odette que acuda esa noche a su palacio para que él la escoja allí como su esposa.
En el tercer acto, en el baile de palacio, Von Rothbart engaña al príncipe presentando a su hija Odile (el cisne negro), idéntica a Odette. Sigfrido jura amor, pues a la persona equivocada, y condena a la verdadera Odette. El cuarto y último acto, al regresar al lago, ante el dolor de Odette y el arrepentimiento de Sigfrido, se consuma el clímax dramático y trágico que por lo general rompen el hechizo muriendo juntos o venciendo al mal.
Para lograr la perfección
El serbio Sasa Adámovic, director artístico del ballet panameño, trabajó más en perfeccionar los roles principales, algo logrado con creces. Pero el trabajo del cuerpo de baile no siempre fue destacable. En varias ocasiones evidenciaron problemas de sincronía… que se convirtieron en asunto crónico, en todos los actos.
En el segundo acto ocurrió un lamentable momento con la grabación musical, un atasco técnico, que sin embargo fue adecuadamente asumido por Samudio y Konichi con absoluta profesionalidad.
La acogida del público dominicano, por muy gratis que fue en la feria del libro, fue apoteósica. Tanto en la noche del viernes como en la tarde del sábado la fila de personas que pujaban por entrar era inmensa, y decenas se quedaron sin poderla ver. Esto demuestra que el ballet tiene seguidores en el país. Y muchas veces las funciones de nuestro ballet u otros eventos, si no se llenan puede ser producto del precio de las boletas.
Valoración
La acogida del público dominicano para ver “El lago de los cisnes”, por muy gratis que fue en la feria del libro, fue sencillamente apoteósica. Tanto en la noche del viernes como en la tarde del sábado la fila de personas que pujaban por entrar era inmensa, y decenas se quedaron sin poderla ver. Esto demuestra que el ballet tiene seguidores en el país. Y que muchas veces las funciones de nuestro ballet u otros eventos, si no se llenan puede ser producto del precio de las boletas, entre otras.
A destacar la escenografía tan completa con que viaja la obra, la utilería, el vestuario y demás implementos necesarios; el trabajo con el diseño de luces; entre otros.
Los que lo vimos el viernes pudimos admirar el desempeño de los primeros bailarines Soliéh Samudio y Satoko Konichi (japonesa) en los roles de Sigfrido y Odette / Odile, respectivamente. Samudio es un excelente bailarín de muy buenas condiciones a quien solamente le falta mejorar la gestual de su rostro que aparenta sonreír en los momentos dramáticos.
Konichi es de una absoluta calidad interpretativa, una estrella que se mandó las famosas 32 fouettes con una ovación abrumadora.
El cisne negro fue interpretado por Andrea Díaz quien a pasear de su pequeña estatura ofrece una caracterización aceptable, con mucha plasticidad. En el rol de Rothbart Angelo Andrade, estuvo relativamente aceptable.
El personaje que se robó ovaciones en sus salidas fue El Arlequín, logrado por Jair Castro.
El Ballet Nacional de Panamá
Es una institución sólida con calidad para presentarse en cualquier escenario, aunque hay que seguir trabajando con la necesaria sincronía del cuerpo de ballet. Sus dos presentaciones han demostrado que en República Dominicana existe público para admirar el ballet, pero probablemente el costo de las boletas les limita asistir a las funciones. Ofreció dos actuaciones a teatro repleto y con cientos quedados sin entrar. Probablemente hubiesen llenado un par de funciones más.
