La pediatra colombiana Ana Maria Silva habla del límite que la tecnología no cruza en la relación médico-paciente y de por qué ese límite importa más ahora que antes.
Un algoritmo no puede ver cómo entra una madre al consultorio.
No puede leer si viene tranquila o si lleva tres noches sin dormir. No puede detectar que la pregunta que hace no es la pregunta que realmente tiene. No puede sostener la mirada de un padre que acaba de escuchar algo que no esperaba y que necesita unos segundos antes de procesar lo que viene.
Ana María Silva no lo dice como argumento en contra de la tecnología. Lo dice como descripción de lo que ocurre en una consulta pediátrica real.
Pediatra colombiana, especializada en el Hospital Alemán de Buenos Aires, creadora de contenido en salud con audiencia en más de veinte países, Silva tiene una postura sobre la inteligencia artificial en medicina que no cabe en ninguno de los dos extremos del debate. No es escéptica. Tampoco es entusiasta sin matices.
“La IA debe ser vista como una herramienta de apoyo, no como un sustituto del médico”, dice Ana María Silva. “Su función es ampliar nuestras capacidades, no reemplazar nuestro criterio clínico.”
Una revisión publicada en marzo de 2026 en la Revista Española de Análisis Clínicos sobre inteligencia artificial en medicina de laboratorio documentó que, aunque los sistemas actuales pueden agilizar procesos y mejorar la precisión diagnóstica en condiciones controladas, siempre será necesario preservar la supervisión clínica humana. La IA asiste el razonamiento clínico. No lo reemplaza.
Esa distinción importa más de lo que parece en pediatría.
Un niño que todavía no habla no puede describir dónde le duele. Un padre que viene con miedo puede narrar los síntomas de una forma que no corresponde exactamente a lo que está pasando. La experiencia clínica no está solo en saber qué buscar. Está en saber leer lo que el paciente y su familia traen al consultorio, incluido lo que no dicen.
Silva lleva años pensando en cómo la tecnología puede ayudar en ese proceso sin usurpar la parte que no puede reemplazar. Como pediatra, reconoce el potencial de la IA para optimizar información y ampliar el acceso al conocimiento médico en contextos donde hay escasez de especialistas. Como creadora de contenido en salud, ve el riesgo paralelo: la misma tecnología que puede democratizar el acceso a información también produce contenido médico que suena riguroso sin serlo.
Los dos lados del mismo fenómeno.
Madre de cuatro hijos, habla de esto también desde haber buscado información médica en los mismos espacios donde la buscan sus pacientes. Sabe lo que aparece. Sabe la diferencia entre una respuesta generada automáticamente y el criterio de alguien que ha atendido miles de casos reales, que ha visto cómo evoluciona un cuadro, que reconoce lo que no encaja antes de que los datos lo confirmen.
“La IA puede generar contenido. La confianza sigue siendo humana”, dice Ana María Silva.
No lo dice como slogan. Lo dice como observación clínica sobre lo que una familia necesita cuando algo no está bien con su hijo y el miedo llega antes que cualquier respuesta de un sistema de análisis de datos.
Eso no lo procesa ningún algoritmo.
