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La noche del viernes regresó 15 años después la compañía Teatro Negro de Praga al escenario del Teatro Nacional Eduardo Brito, donde estará este sábado.

El veterano empresario César Suárez Pizano ha sido el introductor de esta compañía en el país desde hace décadas. Desde que viaja el venerable director fundador Jiri Srnec, de la mano del inolvidable amigo Percy Llanos.

Las lámparas (F.E.)

El espectáculo del Teatro Negro de Praga es un viaje a esa zona de la memoria habitada por la fantasía. Justo ese es el producto principal de lo que presenta esta sexagenaria agrupación checa: la fantasía.

El regreso a la ingenuidad, nos habla de la intacta capacidad de sorprendernos que habita todavía en aquellos que tenemos la misma edad que la compañía.

Lo importante de esta ocasión es que fueron a ver el Teatro Negro de Praga niños y adolescentes acompañados de sus padres.

Este tipo de arte exige de los actores un tipo de generosidad que solo le es dada a los que manipulan muñecos. A los que saben sacrificar su rostro y la expresividad de su cuerpo, en aras de dar vida a un objeto inanimado.

Gracias a esta generosidad los objetos cobran vida y nos «deslumbran» con la almendra del ilusionismo.

UNA ANTOLOGIA DE EL TEATRO NEGRO DE PRAGA

La Antología que en esta ocasión presenta la compañía teatral checa más universal, incluye el acto «La lavandería», con la cual abre el telón. El sketch permite al espectador ponerse en contacto, prepararse para ilusiones más complejas y osadas.

«La lavandería» nos abre los ojos al mundo del ilusionismo óptico en que nos zambulle la troupe de actores checos. El hijo menor del maestro Srnec también es actor. Este acto habla de la picardía, de lo lúdico y sensual de la vida.

«Las maletas», un clásico del repertorio del Teatro Negro de Praga, anda por el tema de la envidia, de la ambición por el poder. Ese poder que termina engulléndose a quienes caen en esa debilidad.

«Las lámparas» habla posiblemente de los excesos, de la incapacidad del ser humano para aquello para lo cual no está listo.

El delirio de la jocosidad se establece en escena con «El violinista», donde el actor que está al frente da oportunidad a un niño del auditorio a tomar parte del mismo. En este skecht del Teatro Negro de Praga, se pone en escena lo lúdico, lo naif, y por momentos recuerda el arte del clown.

El violinista (F.E.)

Hay que destacar la participación de uno de los jóvenes actores, que, a mano limpia, y con iluminación, logra un gran nivel de comunicación gestual con el público. Desde sus butacas repiten palmadas y sonidos. El arte de la empatía.

Tras un intermedio, llega la culminación de la noche con dos espectáculos donde el Teatro Negro de Praga demuestra todo su virtuosismo técnico. Uno «El Pez», donde esa fantasía que crean es tan delirante que hasta aparece flotando, en el sueño de un joven que va en un taxi, una sirena.

La culminación del espectáculo es con «El Caballo», una parodia de un western (como dice el programa) donde ese ilusionismo, esa fantasía, llegan a grados superlativos, y no queda otra que ovacionar.

Despedida, vista desde back stage (F.E.)

DESPEDIDA Y BOLETAS

Luego salen los actores. El público que asistió el viernes aplaudió con más fuerzas a los actores que se quitaron sus atuendos negros para enseñar sus rostros. Entre ellos, y al centro Jiri Aster Srnec hijo. Reverencia. Y más aplausos.

Este sábado se repite el espectáculo del Teatro Negro de Praga en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional, a las 8:00 de la noche. Todavía quedan boletas. No se pierda la oportunidad de dejarse ilusionar con la fantasía más primigenia, en tiempos del dembow.

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