El día 25 de julio próximo cumple 529 años de existencia la ciudad de Santiago de los 30 Caballeros. Día del Patrón Santiago, fundada por don Cristóbal Colón en 1494, en su segundo viaje a estas tierras para él desconocidas.
Soy santiaguera y lo digo con orgullo y devoción. Hay algo especial que sentimos los santiagueros por nuestra emblemática ciudad. Ser santiaguero es algo mágico. Nunca se olvida aunque pasen años viviendo fuera de ella.
Santiago es añoranzas, placidez en los recuerdos que nos arropan y nos mantienen atados a ella aun en la distancia. Ser santiaguero es tener un encanto especial que nos distingue, nos envuelve cierto halo de misticismo, de amor imperecedero de recordadas remembranzas, del barrio o del campo donde nacimos y nos criamos y de los vecinos que nos vieron crecer.
Santiago es también tradiciones, venera sus costumbres, prohibido olvidarlas, se transmiten, no se olvidan, aunque ya no vivas en él. Santiago es recordar los colegios y compañeros infantiles con muchos de los cuales mantenemos relaciones aún hoy día; cómo olvidar nuestros emblemáticos colegios Sagrado Corazón de Jesús y sus adorables monjitas, sor María Teresa (española) sor Lourdes, sor Margarita, sor Ana María Mena, los colegios Santa Ana también de monjas católicas, Ercilia Pepín (La Anexa) y sus queridas maestras Gladys Jacobo, Yolanda de los Santos, prof. Smester, etc., del colegio(solo varones) Instituto Iberia fundado y dirigido por los esposos españoles don Pepe y doña Luisa, radicados en Santiago en plena guerra civil española, don Pepe de fuerte carácter y disciplinado que transmitió a sus alumnos e introdujo aquí nuevos métodos de enseñanza inexistentes todavía.
Con don Pepe “se aprendía o se aprendía”; también permanecen en la memoria y en el corazón los maestros del UFE (liceo Ulises Francisco Espaillat), forjadores de varias generaciones: las hermanas Germosén, las hermanas Vincent (enseñaban el idioma francés) de ahí el mote de las “madmuasel”, Negrito Abinader, gran matemático, doña Clara Aquino de Domínguez, amada por todos sus estudiantes, por su dulzura y trato, era la dulzura personificada, doña Venecia Crisóstomo, de fuerte carácter pero también querida y respetada, doña Tatá Iglesias, Elsa Brito, y tantos más que no alcanzo a mencionar, perdón por eso; a esa gran clase profesoral santiaguera de los años 1950-1965, formadora de grandes hombres y mujeres dominicanos que hoy agradecidos rinden culto a su memoria y los recuerdan con veneración y respeto.
El santiaguero, lo expreso sin el menor rubor, posee cualidades que nos distinguen, y nos son reconocidas por todos, es gente acogedora, alegre, bailadora, solidaria, amable, pujante, trabajadora, auténtica.
Santiago es Santiago, Ciudad Corazón.
