La necesidad de comenzar campañas de enseñanza de la apreciación de las artes, tanto en las escuelas (dígase en la tanda extendida) y colegios, así como en los medios de difusión masiva (dígase televisión, radio y podcast o redes), es algo tan imperativo como las demandas de parte de la población de poner orden en la casa. Cuando eso se logre, se podrá saber, por ejemplo, qué es válido (si lo hay) en el dembow y por qué el merengue de los 80 ha sido el más exitoso y ya no hay compositores que escriban temas como aquellos donde la picardía, lo folclórico y lo cotidiano encontraban consanguinidad de letra y melodías pegajosas.
El público a veces quiere demostrar más de lo que sabe, y confunde entusiasmo con calidad o emoción con sabiduría.
En el concierto de Sierra y Anduaga, por ejemplo, existieron aplausos donde no se debía aplaudir y apasionamientos cuando bastaba aplaudir serenamente.
Detrás de mi asiento un señor gritaba “Bravi!!! Braviiii! Belíssimoooo!” y se daba golpes en el pecho cada vez que Nadine abría la boca. Aplaudir donde no se debe o no con el exacto sentido en que se debe, a veces es confundir el caviar con la trufa.
Por ejemplo, Nadine parece no había calentado suficiente las cuerdas y al principio fue aplaudida en demasía por algo que no era merecido. En determinado momento cuando cantaba el Aria de Violetta con los sobreagudos, no la dejaron terminar con los aplausos, y tuvo que retomar.
Lo mismo diría de la falta de unas artes visuales realmente donde el público exija más y más de los artistas. Estamos a años luz de lo que se hace en otros países en el mismo tiempo. Necesitamos de artistas que no pasen gato por liebre ni palmita por obra de arte.
Necesitamos un teatro cada vez más cercano a la realidad dominicana. ¿Dónde encontrar obras que de verdad asuman con profundidad y belleza la realidad de hoy?
La gente necesita verse reflejada en el arte. Es cierto: los problemas humanos son los mismos temas clásicos: el amor y el desamor, la envida, la libertad, la muerte, el poder, la traición, la venganza. Pero cada tiempo tiene sus temas. Y ahí se necesita un nuevo público educado para encontrar respuestas y aplaudir cuando se debe.
