Desde nuestra perspectiva, el trabajo de la familia consiste en promover el desarrollo de cada uno de sus miembros, transmitir valores a los hijos y transmitirlos de generación en generación.
En la construcción moderna de la sociedad, la familia recibe, además de influencias cercanas, las de diferentes culturas, por lo que la fortaleza de la familia no necesariamente radica en cómo ha sido formada, sino en el manejo con el que tanto los padres como sus demás miembros, aborden las situaciones cotidianas. Con esta visión podemos entender la familia como una interrelación dinámica que estará en constante cambio, siempre adaptándose a nuevas situaciones.
Estamos viviendo una era donde la transformación de la humanidad es tanto veloz como visible y todos los miembros de la familia estamos abocados al ritmo de los cambios y el impacto de estos cambios se refleja en la proliferación de trastornos mentales que afectan cada vez más el desarrollo familiar. Cada miembro familiar tiene experiencias, necesidades y preocupaciones únicas, y el impacto de una enfermedad mental va a depender en gran parte de la etapa de desarrollo vital del individuo y de su rol dentro de la estructura familiar.
No todas las familias van a manejar de igual forma un diagnóstico de enfermedad mental. Depende de muchos factores, entre ellos, la perspectiva que tengan sobre esta, su temporalidad o permanencia. En cualquier caso, la familia lo puede ver como un reto o como algo que emocionalmente es aplastante.
Igualmente, las familias pueden verse a sí mismas como promotoras de cambio o como víctimas; como solucionadoras de problemas o ineficaces; o como una unidad familiar fortalecida o debilitada.
Sin embargo, es hora de ver los trastornos emocionales que impactan a las familias como eventos multidimensionales que afectan a la persona diagnosticada, e impactan y transforman la dinámica familiar.
