Balaguer, una historia inacabada

“Rusia es un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma” es una frase atribuida a Winston Churchill para describir esa nación que, aún siglos después, conserva su misterio. La expresión es utilizada como analogía por Pablo Gómez Borbón para referirse a la personalidad inescrutable del Dr. Joaquín Balaguer en la obra “Yo, Balaguer” que describe su última etapa y se remonta a sus primeros años de vida en la inocencia de la infancia, sus lejanos años de juventud (con desaire amoroso incluido), su formación política y cómo desde el silencio, fue formándose esa figura que tuvo una participación activa en el régimen de Trujillo desde un segundo plano, oculto, callado, pero determinante.

Contra todo pronóstico y pese a ser considerad una pieza clave en aquellos 30 años aciagos -por su innegable participación en muchos eventos luctuosos que nunca admitió- pudo brillar luego con luz propia después de la muerte del tirano y jugó un papel preponderante en la historia contemporánea cuando todos lo creían un muerto político. Así, luego de vadear las apetencias de los familiares del dictador y una salida deshonrosa del país que lo llevó al exilio en condiciones deplorables, alcanza la presidencia por un primer periodo de 12 años cuyos excesos todavía se recuerdan, para seguir con una etapa menos radical en que su declive físico y limitaciones visuales no fueron óbice para que continuara aferrado al poder o tener incidencia en él cuando no lo ocupaba.

Evidentemente y durante muchas décadas, fue un personaje que no dejó a nadie indiferente, mientras unos lo idolatraban al punto de atribuirle dotes mesiánicas, otros lo odiaban ferozmente por sus actuaciones despóticas desde las penumbras que pretendía justificar por el bien común o la tranquilidad general. Lo cierto es que, en todas las facetas de su vida, incluso la incógnita de su vida amorosa o de su descendencia, en la política pocos pueden asegurar haberlo conocido a cabalidad y explicar sus controversiales decisiones que, a lo mejor, ni él mismo entendía, pero se caracterizaron por su intención de dominar el Estado.

Actualmente, a más de 20 años de su muerte, todavía persisten las interrogantes de cómo ese hombre delgado y pequeño, de apariencia inofensiva, lento andar y maneras discretas pudo imponerse por tantas generaciones porque, quiérase o no, héroe o villano, la historia de su proceder, trayectoria y liderazgo han merecido más libros y análisis sociológicos que las de los tres padres de la patria juntos y aunque quedan muchos relatos por contar, permanecerá siendo el prototipo de político astuto cuyas técnicas y argucias de viejo zorro algunos quisieran imitar.

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