Caminos cruzados

Luego de haber realizado un gran recorrido, en determinados momentos de la vida toca detenerse y elegir la vía correcta cuando se tiene de frente un camino bifurcado en que asaltan las dudas de, si a los lados o al frente, porque no todo resulta tan evidente como se quisiera. Decidir por cuál ruta transitar, es una experiencia única y personalísima, aunque resulte incomprensible para los demás, a pesar de que se tome la opción menos obvia o más inesperada; pero toca enfrentarlo porque, evitarlo, ya es dejarlo en manos de que sean otros los que tomen partido. De esos próximos pasos dependerá hacia dónde corresponde dirigirse, si por la senda segura y lineal donde los riesgos están controlados o por aquella llena de sorpresas, cuyo desenlace no puede visualizarse de inmediato con nuevos desafíos que no siempre dependen del caminante mismo, sino de los obstáculos que se le atraviesen.

Las decisiones deben ser individuales porque desde fuera sólo vienen las manipulaciones; nadie se conoce mejor que el mismo sujeto, que es con quien se despierta y se acuesta, el dueño de sus elecciones, dentro de unos pensamientos que son solo suyos, con preocupaciones propias en las que, si bien pudieran incidir los demás, nunca tener la última palabra. Cada quien sabe hasta dónde puede llegar, qué está dispuesto a apostar, los límites de su sacrificio y si sus proyectos son tan firmes como para que valgan la pena y merezcan el intento con todas sus consecuencias, las buenas y aquellas que no lo sean porque escapen de su control.

Por eso, después de un proceso reflexivo, se estará en la disyuntiva entre la quietud que ofrece la seguridad de lo conocido o la incertidumbre de lo que puede venir; en las aguas tranquilas o las corrientes de cambio por la ambición natural del ser humano. Quizá ese espacio que puede dominarse y del que se tiene control navegue en lo previsible, en contraste con el trecho sin recorrer de una oportunidad perdida que quizá no supo aprovecharse cuando era el momento indicado. Al final, el mejor camino es aquel en el que no se precisa transigir con valores como el honor, la honradez, la lealtad o la dignidad, porque la paz de recostar la cabeza en la almohada sin que la conciencia interrumpa el sueño no tiene precio, para lo demás, está la tarjeta aquella que pagará los antojos, pero nunca los enojos.

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