Como en botica

Unos llegan al mundo para llorar, otros para secar las lágrimas, entre los que son las flores que adornan y el que es el florero que las porta. Hay quien nace con su estrella y muy cerca, el que se encuentra estrellado. Unos están para contar sus penas, otros para afrontar lo que las causó. Los que duermen, los que esperan en vigilia. Aquellos que cargan con el peso de la humanidad y los que están plácidamente recostados. El que se queja, el que resuelve; el que abraza y el que empuja. Quien besa agradecido o quien traicionero, escupe.

El que trabaja de sol a sol para llevar el sustento y el que se dedica solo a gastarlo. Los que están tras bambalinas para que sean otros los que se lleven los lauros y reciban la atención; los que prefieren el anonimato frente a los que deliran por las candilejas. Mientras algunos madrugan para comenzar el día y cumplir con sus responsabilidades, habrá quienes a esa misma hora se acuesten sin asumir las suyas.

Cada uno en sus afanes, el operario que se mortifica porque su salario en la fábrica no le alcanza, frente al dueño al que la iliquidez lo llevará a no poder mantenerla abierta. El empleado que al final del año espera ansioso su bonificación y el empleador desesperado porque los beneficios de la empresa no le permitirán dársela. El estudiante que se frustra, si no tiene las máximas calificaciones junto al que celebra porque le basta obtener el mínimo para pasar de curso.

Una madre que reza porque su hija se case lo más pronto posible en lo que otra lo hace para que se libere de una vez por todas de su marido. El soñador que piensa que todo es posible, el realista que por experiencia sabe que no. Dos visiones de una misma realidad: El cóncavo y el convexo que resulta inevitable en la convivencia entre los individuos porque para que pueda comprobarse que existe gente buena, tiene que existir también aquella que no lo es.

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