Confusiones inflacionarias

El poder destructor de la inflación está muy relacionado con su capacidad de confundir. Esa confusión se deriva del hecho de que la mayoría de nosotros asociamos dinero con riqueza. Y creemos que mientras más dinero tengamos más ricos somos y más cosas podemos comprar.

Pero la verdadera riqueza (o riqueza real de un país) no es la cantidad de dinero que tenga (si fuera así bastaría con que el Banco Central imprimiera billetes sin control), sino sus construcciones, cultivos, industrias, aeropuertos, ferrocarriles y demás bienes y servicios que se producen y consumen.

Aun así los hay muy ingenuos que creen que si el Gobierno fabricara dinero (digamos que duplicara su cantidad) y lo repartiera, la gente sería más rica y podría comprar el doble. Pero los comerciantes no pueden vender de repente lo que no tienen. Entonces, como más dinero no puede comprar lo que no existe, lo que existe se vendería más caro.

Pudiese ocurrir sin embargo, y muchas veces ocurre, que algún grupo se beneficie de la inflación. Y que esto provoque más confusión.

Digamos, por ejemplo, que el gobierno decide proveer con tres uniformes a cada miembro de las Fuerzas Armadas (así se ven más elegantes en los desfiles) y logra que el Banco Central fabrique dinero y se lo entregue al dueño del taller de confección (familiar o amigo del funcionario que tuvo la idea “fashionista”).

El funcionario, sus relacionados y sus empleados se hacen más ricos de repente (porque “el que da alante bebe agua”), pero como comienzan a comprar más cosas, los precios suben, y los ciudadanos (que no han sido beneficiados con el dinero recién impreso) se deben resignar a comprar menos. Sin que se dieran cuenta, pagaron un impuesto (disfrazado).

En el ínterin ha habido una ilusión de prosperidad económica, porque se lee en la prensa que la industria textil se dinamizó. Y esto confunde a su vez a los empresarios porque se les da la señal de que pueden invertir en ese sector, cuando en realidad se trató de un simple antojo sin fundamento.

La economía en su conjunto está peor y más confusa. Pero un pequeño grupo de “allegados” se siente muy feliz por un buen tiempo.

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