Creer, confiar y agradecer

Señor director. Haciendo un repaso de nuestra vida, podemos ver la cantidad de buenos momentos que hemos vivido o de momentos dolorosos sufridos, y precisamente es en esos momentos de dolor cuando más necesitamos y queremos ser ayudados, y cuando más ameritamos creer y confiar en que vendrá la ayuda o el consuelo. Pero si lo pensamos bien, en todo momento necesitamos esa ayuda divina, sin ella los momentos felices serían menos.

¿Alguna vez pensamos en las mínimas cosas en que hemos sido ayudados y apoyados por alguien o por alguna fuerza divina para sentirnos seguros y a salvo?

Es muy probable que solo nos fijemos en las grandes cosas y no prestemos atención a esas pequeñeces que construyen la grandeza de nuestra vida, esas que son la base para llegar a la meta y que sin esas pequeñas ayudas, de seguro no lo hubiéramos logrado.

Hay que ser agradecido, tanto de las pequeñas cosas como de las grandes, y de un tiempo a esta parte, he entendido que no existen las pequeñas cosas que agradecer, si no que cada cosa que agradecer es más grande de lo que pudiéramos imaginar.
Nunca sabremos a ciencia cierta la magnitud de la ayuda que recibimos a diario, independientemente de que nos demos cuenta o no, de que lo creamos o no y de que lo agradezcamos o no...

¿Qué se necesita para creer en esa protección divina? Para seguir esa intuición que a última hora cambia nuestros planes, para creer en nosotros mismos como parte de esa divinidad, de esa fuerza superior que lo rige todo, lo encauza, y si se desvía, lo vuelve a encauzar… ¿Qué necesitamos para aceptar que no todo se debe al cuerpo y su fuerza física o al intelecto? Para creer que hay cosas que dependen más de lo inmaterial, de lo invisible y lo intangible, del espíritu y su energía creadora y conservadora, del poder mental y su fuerza de atracción, y para confiar en que los resultados obtenidos serán los mejores.

¿Qué necesitamos para creer y confiar?

Primero una alta dosis de fe (creer y confiar en lo que no se ve, pero existe). Autoestima para reconocer que somos valiosos y amados, y que estamos bajo protección divina constante.
Autoconfianza y seguridad en que somos poderosos, y nuestras decisiones son guiadas por una fuerza protectora mayor y superior a la nuestra, y que aliada a la nuestra, es indestructible e incorruptible. Por último, soltar todo control y dejar fluir a esa energía que vibra a nuestro alrededor.

Hagamos un repaso de nuestras vidas, de algunos de esos momentos decisivos y de su preámbulo, seamos sinceros con nosotros mismos y veamos cuántas veces hemos creído, confiado y agradecido en esos momentos, y analicemos los resultados obtenidos.

Si a lo largo de nuestra vida, no hemos creído, ni confiado, y mucho menos agradecido, a partir de este momento hagámoslo, notaremos un cambio muy favorable en nuestras vidas. No perdamos la oportunidad que cada día nos ofrece para comprobarlo.
Idalia Harolina Payano Tolentino
COLABORADORA

Mantente informado!

Recibe en tu correo actualizaciones diarias
de las noticias más importantes de la actualidad.