Gratitud y clientelismo

Señor director: La gratitud siempre ha sido una de las principales virtudes del ser humano, pero adquirir compromisos debido a esta, es algo que debe ser asumido con mucho cuidado. El hecho de ser agradecido, no necesariamente debe comprometernos con nada, ni con nadie. Nunca, bajo ninguna circunstancia, el agradecimiento de un favor debe comprometer la moral del agradecido, al punto de llevarlo al contubernio y a la complicidad. Por eso, más importante que agradecer qué, es agradecer a quién, lo que debe prevalecer, a la hora de honrar una amistad por agradecimiento. El hecho de usted agradecerle un favor a alguien que comete un delito, no debería, bajo ninguna circunstancia, comprometerlo con el delito en sí mismo. Estas cosas deben estar separadas y bien definidas, tanto por el dador, como por el receptor del favor. En política es muy común confundir estos roles. Los favores políticos, son usados como base ideológica para construir falsos liderazgos. Gente que da lo que no es suyo, para, apoyados en esas dádivas, agenciarse una estela de seguidores que no van detrás de ellos, sino detrás de las prebendas que les son ofrecidas. Esta práctica es lo que ha hecho a la pesca con carnada tan exitosa.

“Me venció el poder”, dijo Danilo, cuando Leonel le ganó las primarias en el año 2007, alegando que el presidente Fernández había utilizado los recursos del Estado para comprar sus seguidores a cambio de favores políticos. Esta acción no se diferenció en nada a lo que hizo Danilo en el 2016, cuando se modificó la Constitución con los mismos legisladores que habían jurado fidelidad al presidente Fernández. El mismo poder que venció a Danilo, también venció a Leonel, de la mano de los mismos protagonistas.

Embarcarse en un proyecto político por agradecimiento a tal o cual candidato, sin reparar en propuestas políticas, es clientelismo, y esto, aunque no es políticamente ilegal, es moralmente incorrecto.
Juan Tomás Valenzuela
Ciudadano

Fallas en la escuelas

Señor director: Esa situación que de manera magistral nos relata don Miguel Guerrero en su artìculo “La escuelita de Navarro”, nos dice que los profesores y directores de escuelas no están haciendo su tarea, y más que eso, no ayudan a padres, madres y tutores a sembrar valores en nuestros hijos e hijas. Estoy de acuerdo con el señor Guerrero en que debe ser cancelado de inmediato el profesor que permitió esa vagabundearía y también el superior inmediato de este, el director de esa escuela.
Juan Santana
Ciudadano

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