De la carreta al delivery

En la historia de los pueblos las ruedas humildes tienen parte del coloquio de la vida diaria y la carreta, la carretilla, la motoneta, el triciclo, la bicicleta de canasto y el motor del delivery son actores importantes sobre los que ha rodado la vida cotidiana del dominicano. En los caminos polvorientos de nuestro pasado, cuando apenas nos organizábamos como nación transcurridos los espacios de la independencia, todo se transportaba en carretas de madera tiradas por un lento y paciente buey o quizás un resignado caballo o un mulo refunfuñón. Esas carretas no eran solo transporte sino parte del paisaje de nuestra virgen geografía. Todo lo imaginable se transportaba en esa plataforma de tablas, con ruedas grandes, con particular música propia y rechines característicos. Era la sangre lenta del comercio rural y el “aplatanamiento” del transporte. Todavía en los años 50 era común verlas en Santo Domingo aunque entonces amenazadas por la carretilla de manos, carreta en versión humana. Tres ruedas menores completan este artefacto de tracción humana que aprovecharon el asfalto urbano como pista de rodaje.

El carretillero se convirtió en personaje obligado de los mercados, con peculiar habilidad para sortear caminos entre la gente, transformado en el primer transporte verdaderamente urbano del dominicano humilde. No precisaba caballo ni motor, solo la fuerza bruta de uno dispuesto a ganarse el pan del día. El gran salto llegó con la motoneta, cuyos primeros modelos eran italianos cuando ya la ciudad era una urbe que comenzaba a desprenderse de los pantalones cortos y los viajes eran más largos. Nació el negocio de alquiler de aquellos artefactos motorizados. Con ella se democratizó la movilidad. Al mismo tiempo se estrenaba el “servicio a domicilio” del comercio con la bicicleta de canasto como máximo exponente con su particular “burro” que permitía dejarla erecta en la calle, mientras se descargaba el encargo. Fue el precursor del delivery de hoy. Posteriormente llegó el “tricículo” con mayor capacidad de carga pero con la misma limitante de ser de tracción muscular convirtiéndose en el camión de barrio utilizado, hasta para mudanzas y transporte de equipos más pesados, dado que el equilibrio no era parte de las habilidades necesarias para su manejo. Entre la carreta y el triciclo hay un salto tecnológico que más que cambio del transporte es una crónica a la creatividad del criollo. El motor de hoy, en todas sus versiones, es el resultado de la evolución de la rueda criolla: la carreta, para el país agrícola; la carretilla en la ciudad que crecía; la motoneta y la bicicleta de canasto la velocidad de la vida moderna y la diversificación de la entrega en la casa: el “delivery” el hoy del transporte de mercancías llegando a sustituir el viaje al supermercado. Se ha convertido en uno de los fenómenos sociales con mayor carga de dominicanidad.

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