El lector común

Me pregunto para quién escribo. La respuesta aparece siempre al final.

Escuchar artículo
0:00
-0:00
Velocidad

Hoy pensé en Virginia Woolf. No sé exactamente por qué. Quizá porque encontré una de sus frases mientras buscaba un libro. Decía que escribía para el lector común. Me quedé un rato mirando esas palabras. A cierta edad uno descubre que algunas frases llegan para pensarlas.

Yo tampoco escribo para los escritores. No lo digo con resentimiento. Lo digo porque he aprendido a observar. Los escritores hablan de libros, presentan libros, firman libros y discuten sobre libros. Sin embargo, muchas veces leen menos de lo que la gente imagina. Hay excepciones, claro. Siempre las hay. Pero no son ellas las que me hicieron pensar en Virginia Woolf.

Tampoco escribo para los políticos. Los veo pasar por las redes sociales, por los actos públicos, por los discursos repetidos. Hablan mucho. Algunos hablan demasiado. Los imagino rodeados de documentos, informes y encuestas. No los imagino rodeados de novelas. Quizá sea una injusticia de mi parte. Pero uno termina creyendo lo que ve.

Entonces me pregunto para quién escribo. La respuesta aparece siempre al final. Escribo para una persona que no conozco. Para alguien que abra estas líneas mientras toma un café. Para una mujer que regresa del trabajo y encuentra unos minutos antes de preparar la cena. Para un joven que busca una explicación sencilla en medio de tantas voces. Para un hombre que siente curiosidad y todavía conserva el hábito de leer sin prisa.

Pienso en esos lectores cuando escribo. No pienso en premios. No pienso en reconocimientos. No pienso en convencer a nadie de que tengo razón.

Pienso en la conversación. Pienso en dejar una pregunta sobre el papel y marcharme.

A veces alguien me escribe para decirme que leyó un artículo mío. Esa noticia me alegra más de lo que debería. En estos tiempos terminar una lectura parece un pequeño acto de voluntad. Hay demasiadas distracciones esperando detrás de cada pantalla.

Por eso sigo escribiendo. Para el lector común. Para quien no busca demostrar nada. Para quien todavía cree que una página puede ayudarle a mirar el mundo con más atención. Y si de paso algún político se incomoda, o algún joven encuentra una idea que le sirva para pensar por sí mismo, entonces la mañana habrá tenido sentido y la tarde también.

Demuéstrame que estoy equivocado…

Posted in DE UNA SENTADA, OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas