En el PRM, PLD y FP hay políticos serios

A muchos les molesta lo que escribo. Me da igual. Mientras ellos se ofenden, el país sigue deslizándose hacia el abismo. Lo que realmente les incomoda no es la mentira —a esa ya se acostumbraron—, sino que alguien diga la verdad sin pedir permiso. Sin miedo. Sin disfrazarla.

La política dominicana está podrida en muchas partes. Pero no está completamente muerta. Aún quedan figuras que no se han ensuciado. No muchas, pero las hay. Y no, no son mártires. No son perfectos. Son simplemente personas que hacen su trabajo sin robar, sin montar espectáculos, sin ponerse de rodillas. Solo por eso ya merecen respeto.

Y es por ellos que vale la pena seguir hablando. Porque si los pocos que valen algo terminan arrinconados, entonces sí que no habrá nada que rescatar. Ni un ápice de decencia en el escenario político.

Hay cosas que deben decirse claras. No creo que los expresidentes hayan firmado pactos con delincuentes. No los imagino en una mesa con mafiosos repartiéndose cargos. Pero sí creo —y con pruebas de sobra— que muchos han sido cómplices por omisión. Callaron cuando debieron hablar.

Taparon cuando debieron cortar cabezas. Prefirieron proteger a los suyos, aunque fueran pillos. Y eso, en política, es corrupción también.

Quizá los presidentes no roben directamente. Pero permiten que otros lo hagan. Miran hacia otro lado.

No limpian. No castigan. Y eso, en este tiempo, es igual de grave. Porque ya no vivimos en una época en la que todo se quedaba debajo de la alfombra. Hoy todo se sabe. Todo se publica. Todo se graba.

La corrupción está en todas partes. En el Estado, en las empresas, en las iglesias, en los gremios. Es un cáncer que lo carcome todo. Y si no se ataca con decisión, va a dejar al país sin alma.

En el PRM hay nombres que valen. Raquel Peña ha sido discreta, eficiente, lejos del espectáculo. Guido Gómez Mazara, aunque incómodo, es uno de los pocos que dice las cosas de frente. Yayo Sanz Lovatón ha demostrado que se puede ser técnico y político sin arrastrarse. Ito Bisonó ha trabajado sin escándalos.

David Collado ha sabido proteger su imagen. Pero si el partido no los cuida, si los arrincona, si los ignora, terminarán fuera. Y el PRM será solo otro cascarón vacío, tomado por buscadores de puestos.

En el PLD aún respiran algunos que no se mancharon en la fiesta del pasado. Y en la Fuerza del Pueblo, Omar Fernández tiene una disyuntiva: o arma un equipo con lo mejor de su generación, o se lo traga la maquinaria vieja. Él sabrá si quiere futuro o si el pasado lo arrastra.

Lo peor que podemos hacer es normalizar la corrupción. Como si fuera parte del trabajo. Como si robar desde el Estado fuera un derecho adquirido. Como si “el que no roba es un pendejo” fuera una filosofía aceptable.

Los partidos deben limpiarse. En serio. Con hechos. No con spots de campaña. Tienen que sacar a los corruptos, denunciar a los suyos y dejar de premiar al servil en vez de al capaz.

¿Suena duro? Sí. Pero este país está podrido por dentro. Y si no se actúa ya, mañana será tarde.

No seamos cómplices. No sigamos callando. La política necesita voces limpias. Si no las cuidamos, no quedará ninguna. Demuéstrame que estoy equivocado.

Posted in DE UNA SENTADA

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