Un político honrado

Todavía me estoy riendo. Un amigo de YouTube —uno de esos amigos modernos que no te prestan libros, sino enlaces— me mandó el fin de semana un video breve y cruel, como suelen ser las verdades cuando se disfrazan de chiste.

En el video, un hombre con traje entra a una librería con la solemnidad de quien va a solicitar una audiencia en El Palacio Nacional. No mira portadas: inspecciona el local como si estuviera verificando inventarios. Se acerca al mostrador y pregunta, con una seriedad de notario, si tienen un libro titulado “Un político honrado”.

La vendedora ni pestañea. Lo mira con esa compasión serena con que se mira a los enfermos incurables, y le señala el pasillo de ciencia ficción.

Yo he visto mandar a la gente a historia, a autoayuda y hasta a jardinería. Pero a ciencia ficción por pedir un político honrado… eso ya no es un chiste: es un diagnóstico. La escena tiene la exactitud de las cosas perfectas: dura poco, no explica nada y lo explica todo.

Porque la pregunta verdadera no es si existe un político honrado, sino si todavía creemos posible una especie así en pleno siglo XXI: un político que no mienta por reflejo, que no robe ni por costumbre ni por deporte, que piense en el país antes que, en su candidatura, y que no confunda los recursos del Estado con el bolsillo interior del saco.

El ciudadano, a fuerza de desengaños, ha desarrollado una ética de supervivencia: ya no se indigna cuando le mienten; se indigna cuando le prometen demasiado. La verdad es que la seriedad política se ha vuelto una rareza exótica, como ver un elefante en una parada de guaguas en la Duarte con Paris. Y el honrado, si aparece, no inspira confianza: inspira sospecha, porque uno no entiende qué negocio está escondiendo.

Quizá por eso la vendedora lo mandó a ciencia ficción. No por maldad, sino por profesionalismo: es allí es donde se archivan las cosas imposibles, los mundos ideales, los políticos de hoy y los gobiernos decentes: en la ficción.

Busque el video. Y si lo ve, acuérdese de mí: de este artículo, por si acaso, también puede ser ficción política. Recuerde que hoy es viernes y el cuerpo lo sabe.

Hoy no creo estar equivocado…

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