Los celulares no tienen cadenas, pero nos tienen prisioneros. ¿En qué momento dejamos de disfrutar las pequeñas cosas de la vida por estar pendientes a las pantallas?
Hubo una época en la que escapábamos de nuestro mundo real para entrar, por un rato, al mundo digital. Era la época de Hi5 y MySpace. Hoy parece ocurrir lo contrario, necesitamos alejarnos de las redes sociales para reconectar con la realidad, aunque cada vez lo hacemos con menos frecuencia.
Estamos rodeados de personas que, aun estando presentes, parecen ausentes. Hay lugares donde la interacción casi ha desaparecido; incluso cuando preguntas algo, muchas veces nadie te escucha porque su atención está atrapada en una pantalla. Claro que hay momentos para las redes sociales, para los videos o para la música, pero no cuando estamos compartiendo con quienes tenemos al lado.
Antes, el teléfono servía para acercarnos a los seres queridos que estaban lejos. Ahora, en muchos casos, nos aleja de quienes están cerca. Paradójicamente, los amigos virtuales terminan ocupando un lugar más importante que las personas que comparten nuestra mesa, nuestro hogar o nuestro día a día.
¿Cuánto tiempo pasas frente a la pantalla? Muchos no son conscientes de la cantidad de tiempo, energía, atención y concentración que el teléfono les consume cada día. Pero, ¿cuándo se convierte esto en una adicción? Cuando comenzamos a descuidar a nuestra familia, nuestro trabajo, nuestras responsabilidades y aquellas actividades que antes nos brindaban alegría y bienestar, solo por permanecer conectados.
¿En qué momento muchos padres dejaron de entretener a sus hijos con juegos, conversaciones y experiencias compartidas para hacerlo únicamente a través de una pantalla? ¿En qué momento la tecnología, que debía ser una herramienta, comenzó a ocupar el lugar de la convivencia?, y ¿qué estamos dispuestos a hacer para recuperar esos momentos que la pantalla nos está robando? Porque la vida sigue sucediendo fuera del celular, en las conversaciones, las risas, los abrazos y los pequeños instantes que, sin darnos cuenta, son los que realmente la hacen valiosa.
