Jorge Luis Borges nació en 1899, Giovanni Papini nació en 1881, nunca se conocieron, pero Borges prologó un libro del escritor italiano titulado El espejo que huye, y una vez dijo: “Leí a Papini y lo olvidé. Sin sospecharlo, obré del modo más sagaz; el olvido bien puede ser una forma profunda de la memoria”.
Sin embargo, esa frase bien podría sonar como una excusa de Borges para no reconocer que dos relatos suyos tienen mucha similitud con dos de Papini. El primero se titula El otro, en el que un Borges ya maduro, en 1969, sentado en un banco frente al río Charles, en Boston, conversa con otro Borges que es él mismo, pero más joven. Papini publicó en 1906 Dos imágenes frente a un estanque, en el que un Papini ya viejo conversa con el mismo Papini, también más joven. Son cuentos diferentes en detalles, nombres, lugares, pero básicamente la idea argumental es la misma. El escritor español Martí Domínguez publicó en abril de 2001, en el periódico El País, un artículo titulado El plagio de Jorge Luis Borges, en el que hace notar que el “olvido” del que Borges habla suena como una justificación de esa “copia” que no es literal. Los lectores interesados pueden encontrar los textos en ciudadseva.com.
Pero hay otro relato de Borges similar a uno de Papini; en 1940 se publicó en la revista argentina Sur Las ruinas circulares, que narra la llegada a un templo abandonado de un hechicero que quiere soñar un hijo e imponerlo a la realidad. Para conseguirlo pide la ayuda de todos los dioses conocidos y, finalmente, recurre al dios del fuego, que era la deidad que presidía esas ruinas y donde ya nadie le rendía culto.
El hechicero consigue su objetivo, su hijo soñado cobra vida, pero al final, cuando el bosque se incendia y las llamas no lo queman, descubre que él también era un sueño, “que, más allá, otro estaba soñándolo”. En el relato “La última visita del caballero enfermo”, de Papini, el protagonista le confiesa al narrador que él solo existe como un sueño soñado por alguien, y se esfumará definitivamente cuando despierte esa persona que lo está soñando. El caballero enfermo dice que a veces trata de que su soñador abra los ojos, y finalmente se marcha… ¿Plagio? ¿Similitud de argumentos o de ideas? Tal vez.
