Según el poeta y ensayista francés Paul Valery: “La guerra es una masacre entre gente que no se conoce, para provecho de gente que sí se conoce, pero no se masacra” y, aunque es triste reconocerlo, desde los primeros homínidos, la guerra es la principal actividad de todos los grupos humanos, y en todas las culturas ser un guerrero suele ser el más alto ideal.
La autodefensa contra un medio hostil, contra depredadores y otros humanos, posiblemente ha sido el principio de todas las guerras, lo que las sociedades normalizaron a lo largo del tiempo, tanto que en los libros de historia se distinguen con nombres propios, las guerras púnicas, las guerras médicas, la guerra de los Cien Años, la guerra de las Dos Rosas…
Aunque la guerra de Troya, según Homero, comenzó porque el príncipe troyano París raptó a la bella Helena, esposa del rey espartano Menelao, Marx y otros estudiosos establecieron que todas las guerras responden a causas económicas: un país o una coalición de países decide que lo que tiene otro país es importante para su economía y se lo apropia por la fuerza, para no tener que comprarlo ni reconocer derechos de ningún tipo.
La guerra es el medio más rápido para conseguir ese objetivo, y cuando el atacado se defiende, el conflicto puede extenderse en el tiempo, lo que significa enormes gastos para ganar y más enormes aun para reconstruir lo destruido, lo que deja ganancias para los vencedores y sepulta en deudas impagables a los vencidos, así funciona el “asunto” desde siempre.
Sun Tzu, militar chino que vivió supuestamente entre 700 y 400 años antes de Cristo, compiló en un libro titulado El arte de la guerra una serie de principios para vencer en cualquier contienda, como si aniquilar, arrasar pueblos y ciudades y matar gente fuese un “arte” similar a la pintura, la escultura o la música, cuando simplemente es someter y esclavizar a poblaciones enteras, antes por el oro y las riquezas, hoy por petróleo y, en un futuro no muy lejano, por el agua.
Un poeta argentino llamado Aledo Luis Meloni definió la cuestión con esta certera copla: “Para que al noble negocio/ nunca le falte clientela/ los que fabrican las armas/ también fabrican las guerras”.
