Los laberintos de Borges

Entre las obsesiones que Jorge Luis Borges deja entrever en sus cuentos, los laberintos aparecen como figuras que enmarcan los hechos y a los protagonistas, e inquietan a los lectores.

En “El jardín de senderos que se bifurcan” un espía de ascendencia oriental que trabaja para Alemania en la primera guerra, Yu Tsun, decide matar a un profesor que ha descifrado el secreto de una novela china que describe un laberinto. Ts’ui Pên, el autor de la novela, es un antepasado del espía, el apellido del profesor es Albert, y cuando su muerte aparezca en los periódicos alertará al alto mando alemán sobre un hecho que ocurrir­á en una ciudad del mismo nombre. El laberinto descripto en la novela es el tiempo, con todos sus vaivenes, en los que todas las repeticiones son posibles.

En “Los dos reyes y los dos laberintos”, un rey encierra a otro en uno para burlarse de él y, cuando el encerrado consigue salir, regresa a su tierra, invade el reino del burlón y lo suelta en el inmenso desierto, acaso el más peligroso laberinto, donde el otro muere de hambre y de sed.

Otro laberinto, circular, con escaleras y paredes llenas de anaqueles con libros, es el universo que aparece en el relato “La biblioteca de Babel”, se me perdonará la repetición del termino del que existe un solo sinónimo.

En “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”, un hombre que huye de un rey que no conoce el miedo, construye un laberinto para atraerlo hacia esa construcción y matarlo para quedarse con un tesoro que previamente había escondido.

El laberinto más extraño es el que aparece en “La muerte y la brújula”, en el que un hombre llamado Red Scharlach comete dos asesinatos y finge un tercero, para atraer a un inspector de policía llamado Erik Lönnrot a un lugar donde había un busto de Jano, para vengarse de él por haber encarcelado a su hermano.

El cuento termina con un extraño diálogo en el que Lönnrot le describe a Scharlach un laberinto rectilíneo con un punto A, un punto B y un punto C, y le pide que lo mate en D, a dos kilómetros de A y de C.
Posiblemente Borges haya pensado que todo relato es un laberinto, y que el secreto para encontrar la salida es componer siempre un final que sea tan imprevisto como genial.

Posted in Desde mi ventana, OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas