Los poetas

La muchachita quinceañera que escribe unos versos que rimen con Carlos o Miguel, el jovencito que, incapaz de abordar a la vecinita que lo enloquece busca rimas con Nayelis o Nairobi, tarea difícil ser poeta improvisado y enamorarse de una dominicana, posiblemente todos, en algún momento hemos sentido que un espíritu verseador se apodera de nuestra mente y necesitamos volcarlo sobre un papel o una página de Word.

Sin embargo, eso solo no basta para adquirir la estatura de poeta, según la gente que sabe, como el profesor Australio Pithecus, se necesita mucho más que escribir cosas como: “Eres tan hermosa, tan bonita y bella/ que tus ojos brillan como estrellas”. Eso no es suficiente, porque el talento necesita educación y disciplina, debe uno estudiar versificación, conocer técnicas de escritura, diferenciar comparaciones y metáforas, metonimias y sinalefas, imágenes sensoriales y oxímoron, entre otras arduas cuestiones que, una vez comprendidas, posiblemente terminen por quitar las ganas de escribir poemas.

Mientras los grandes poetas que estudiamos en la escuela, Rubén Darío, Antonio Machado, Salomé Ureña, Fabio Fiallo, se caracterizaban por respetar a rajatabla la rima y la versificación, los de la segunda mitad del siglo pasado y los actuales, prescinden de todo eso y solamente cuidan, algunos, la musicalidad de sus líneas. Si a eso le sumamos que ahora es más fácil publicar un libro, nos encontramos con una gran cantidad de poetas que, para no ser tan cortantes, ni se han asomado a los más mínimos misterios de la lírica, incluso algunos creen que la transgresión es genialidad que se impone sobre la ortodoxia de los mediocres, y olvidan que se puede ser genial y ortodoxo o estúpido y transgresor.

“El sol muere en la aurora/ mientras la luna drogadicta se ríe/ ayer/ tus vísceras y mi cigarro/ las estrellas tiritan/ tú supiste”… Este galimatías falto de toda lógica y forma bien podría pasar por un poema actual, y no… no es ni puede ser poesía. Quien esto escribe cree que se puede prescindir de la rima, que se pueden intercalar entre líneas carteles callejeros, pero… el producto final, para ser poesía, debe tener belleza y musicalidad, y encuadrarse en esta definición que acuñó hace siglos Leconte de Lisle: “Solo hay poesía en el deseo de lo imposible, o en el dolor de lo irreparable”.

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