Música y recuerdos

La música, esa urdimbre de sonidos que se esconde en la poesía y que la magia de los instrumentos rescata del silencio para que los compases cobren vida y se instalen en el espíritu de las personas, tiene también la extraña, increíble capacidad de revivir el pasado o traer al presente momentos que permanecen dormidos en la memoria.

Los que peinamos canas, los que hemos transitado diversos y variados caminos de este mundo, solemos atesorar canciones antiguas que aparecen cada tanto, que resuenan desde el pasado para recordarnos la dicha de un día luminoso o el pesar de una ausencia, el sinsabor de una despedida, la imagen de una antigua caricia que nos negamos a olvidar o un momento pesaroso que nos remite a un luto, a una enfermedad o a una mala noticia.

Lo cierto es que la música se fija en la nostalgia como las raíces perennes que sobreviven a las tormentas, a las sequías más desoladoras e inclusive a la desesperanza, nos acompaña como un amigo capaz de sostener el espíritu, de acariciar el corazón y de instalar una sonrisa en el instante más inesperado, ya sea cuando estamos rodeados de una multitud o en la más absoluta soledad de cuerpo y alma.

Después de esta prolongada introducción, y acaso con un leve sonrojo por lo que pudiera parecer un atrevimiento de mi parte, me permito compartir con ustedes, a manera de ejemplo, este ya envejecido poemita que me vino a la mente cuando alguna vez escuchaba los acordes de una canción antigua que me traía memorias felices.

La melodía vieja

Cuando la melodía vieja/ traspasa las frontera/ legales del silencio,/ un goce clandestino/ se infiltra en la memoria, /el presente solemne/ se deja enniñecer/ y hasta sonríe con malicia/ mientras la música suprime/ la histeria de la historia.

Un deleite rebelde/ con cara de invasor/ captura ese momento,/ trama resurrecciones,/ conspira con recuerdos,/ rescata desde el sepia/ la caricia y el deseo/ y le dicta a la brisa/ una danza de odalisca./
La melodía suena y/ destroza la rutina/ con un guiño de novia/ que invita a un beso/ en la penumbra,/ desviste a la nostalgia,/ deroga prohibiciones,/ clausura los espejos,/ y exenta de prejuicios,/ sensual y libertina,/ transparente y desnuda…/ decreta la alegría.

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