Dominicanos que viven fuera

    Un reciente estudio realizado por el Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (Index) dio a conocer que fuera de la República Dominicana se encuentran alrededor de 2.5 millones de ciudadanos dominicanos.
    La cifra exacta es 2,531,618, equivalente a un 19.5 % de nuestra población total, y las mujeres representan el 54.2 % de esa cantidad que vive fuera del país. Las remesas enviadas por esa diáspora sumaron US$10,402.5 millones en 2021.

    No es casual que EE.UU. albergue al 82.7 % de esos dominicanos; es ahí adonde originalmente ha emigrado la mayoría de las familias y es considerado la “tierra prometida” donde es posible trabajar, ahorrar, enviar dinero y, con un poco de suerte, llevarse a los que quedaron para que se asienten en ese país donde viven 2,094,222 dominicanos.

    El resto de la diáspora se reparte entre Europa, México, Canadá y los países de la región caribeña. En España viven 186,395 dominicanos, en Italia 29,111 y en los Países Bajos 15,766, pero la realidad es que hay dominicanos en todas partes del mundo.

    Estas cifras no tienen que ser consideradas simples cantidades que llenan estadísticas, porque la gran mayoría de estas personas ha emigrado para buscar una mejor vida, para buscar oportunidades de empleo a las que en su país les resulta imposible acceder.

    Hablamos del drama humano de gente que pasa trabajo para llegar a un país extraño, para adaptarse a nueva cultura, para sortear la discriminación que en algunos lugares puede ser mucho más acentuada que aquí y conseguir un empleo cuya remuneración se reparte entre su familia dominicana y su propia subsistencia.

    Tal vez la característica más notable del criollo sea -junto a su capacidad de sobreponerse a las adversidades- el amor por su patria lejana a la que regresa con las alforjas llenas, ya sea para las fiestas de fin de año o para ocasiones especiales, tiempos en que su identidad recarga las pilas, le devuelve la alegría y sus colores, para regresar a las tierras extranjeras con el orgullo de seguir siendo dominicano hasta el último día de su existencia.

    Y allí donde hay condiciones, hasta sufraga para hacer contar su voto e influir así en el destino de los que vivimos aquí.

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