El pasado domingo, en una entrevista para el Grupo de Comunicaciones Corripio, el presidente Luis Abinader manifestó que privilegia el diálogo y el consenso con todos los sectores de la sociedad, y además que escucha las preocupaciones del pueblo y atiende sus demandas, una reiteración pertinente en la actual coyuntura.
Se le escuchó decir que continuará promoviendo el diálogo, la concordia y la estabilidad como pilares fundamentales de su gestión. Esa ha sido su práctica durante sus casi seis años de gestión, y podríamos agregar de nuestra parte que no ha parado mientes en recapacitar cuando lo ha creído necesario.
Lo propio en los buenos gobernantes es motivar la conversación ante cualquier preocupación social, por entender que mediante el consenso, aunque haya diferencias, se expresa la democracia.
Ojalá que el mandatario nunca pierda esa cualidad de conectar con la realidad de su pueblo. No se le puede regatear que al gestionar cuestiones, por delicadas que fueren, ha preferido encararlas en forma abierta y franca.
En el país no se debe perder esa capacidad que se ha tenido para procurar salidas a cualquier problemática, por complicada que fuere, mediante el diálogo, que constituye una de las mayores fortalezas de una democracia.
Inclusive, vale traerlo a colación en este momento, en su relación con los medios de comunicación el presidente siempre ha estado dispuesto a todo tipo de preguntas, y hasta ha llegado a involucrarlos para que aporten a la solución de los problemas nacionales.
Dialogar no es un signo de debilidad ni una simple herramienta para resolver desacuerdos; es el mecanismo que permite transformar diferencias en acuerdos legítimos, sirve para fortalecer la confianza entre ciudadanos e instituciones y construir consensos duraderos.
Las sociedades que aprenden a dialogar sustituyen la lógica de la imposición por la de la razón, reducen la polarización, preservan la paz social y generan decisiones públicas de mayor calidad y legitimidad.
La historia demuestra que las democracias más sólidas no son aquellas que carecen de conflictos, sino las que han desarrollado la capacidad de enfrentarlos mediante el diálogo, a través de la negociación y de la construcción de consensos.
