Acostumbrada como tiene la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) a la sociedad, mayormente a hechos en los que resalta lo negativo, principalmente por las interrupciones del calendario docente y su militante gremialismo que pone en primer lugar los intereses materiales de los maestros, resultan gratificantes algunas resoluciones de su Primer Congreso Pedagógico Nacional, que debieran ser valoradas en su real dimensión.
Fue un masivo evento del que surgieron propuestas pedagógicas con el propósito de transformar la educación del país y al maestro en particular, a partir de un principio loable, basado en la idea de que, en lugar de aplicar políticas elaboradas fuera de las aulas, empezar a crearlas los propios maestros.
Algunas de las propuestas están a tono con el ritmo de los tiempos actuales como, por ejemplo, pasar de curso de manera automática, lo que eliminaría la aprobación con una nota mínima, práctica que envía a los muchachos al mundo laboral con serias lagunas, para lo cual se propone una evaluación de competencias reales antes de determinar que superaron el grado.
También piden un máximo de estudiantes por aula que no supere los 25 alumnos, porque una de las grandes dificultades es la aglomeración que llega a colocar entre 40 y 50 en un curso, lo que dificulta la enseñanza, la evaluación y la disciplina.
Respecto de esto último resaltan quejas de que constantemente se le quita autoridad al maestro, por lo que es atinado involucrar más a la familia porque muchos de los problemas se relacionan con lo que ven y aprenden en su hogar. El acompañamiento de alumnos y maestros de psicólogos, trabajadores sociales y orientadores es una buena medida, junto con talleres destinados a tratar los problemas del entorno escolar.
Es un paso positivo el congreso de la ADP. No está mal que los mismos maestros, que son quienes conocen a fondo las dificultades del proceso de enseñanza-aprendizaje, evalúen el funcionamiento del sistema educativo del que forman parte.
Ojalá que las conclusiones de este congreso pedagógico puedan ser conocidas por toda la sociedad, y sean tenidas seriamente en cuenta por los estamentos encargados de tomar decisiones.
