La caridad, definida por la Iglesia católica como la virtud teologal más importante, implica compartir con los demás una parte de lo que cada uno tiene para aliviar necesidades extremas, como el hambre, la sed, el frío por la falta de abrigo o de cobijo, entre otras carencias.
Fue precisamente el papa Juan Pablo II el que llamó a “globalizar la solidaridad”, que significa extender la caridad hacia los demás, para paliar la pobreza y la indigencia en la que vive una parte enorme de la población.
La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 5 de septiembre como el Día Internacional de la Caridad, una fecha que no es casual, porque ese mismo día falleció, en 1997, la madre Teresa de Calcuta, uno de los grandes ejemplos de caridad y solidaridad para el mundo actual.
Casi 700 millones de personas en todo el mundo viven con menos de 2.15 dólares al día, lo que indica un enorme cúmulo de necesidades insatisfechas, de ahí que las iniciativas de caridad suelen cubrir muchas carencias en sectores vulnerables donde las políticas de los gobiernos no llegan.
La ONU remarca que la caridad no sustituye a la justicia social ni a las políticas gubernamentales, pero sí resulta un apoyo invaluable para aliviar crisis humanitarias, para financiar iniciativas de innovación y fortalecer el accionar de la sociedad civil.
Tanto las religiones como las diversas teorías políticas y las ideologías que fueron surgiendo a lo largo de la historia se propusieron terminar con las desigualdades, pero todas han tropezado siempre con escollos que demuestran que la realidad es demasiado compleja como para someterse a principios teóricos, de ahí que la caridad, la beneficencia y la solidaridad entendidas como virtudes humanas, ayudan a aliviar necesidades en sectores que viven en medio de la fragilidad.
Y aunque la beneficencia no resuelve las desigualdades, ejercer la caridad nos enseña que para ayudar no hace falta ser rico, sino dedicar un poco de tiempo a quien necesita un apoyo, compartir un pan o una porción de arroz; en definitiva, acercarnos a los seres humanos para ser un poco más humanos cada día.
