La escuela como medio de ideologización

    Compartir

    Las autoridades de un país pueden dar el matiz, incluso el sesgo ideológico que consideren más adecuado a sus actos. Es su opción, pero cuando se trata de la cuestión educativa, deben ser más cuidadosas.
    No es justo que a un estudiante se le presente determinado contenido cargado de odio o tendencia ideológica contra los líderes o gobiernos de países de la región, concretamente Cuba, Nicaragua o Venezuela, sobre la naturaleza del gobierno o sobre los métodos a los que recurren para el manejo de situaciones.

    Que las autoridades tengan una visión sobre eso es comprensible, pero no se deben introducir en los contenidos educativos como elementos de valor juicios emitidos por terceros con el propósito de dañar la imagen de otros países.

    Todo viene a cuento por la incorporación por parte del Ministerio de Educación de varios artículos de opinión en un cuadernillo para estudiantes de sexto grado de secundaria, en los cuales se emiten acusaciones contra los gobiernos de esos países.

    El material utilizado para el supuesto desarrollo de competencias, dedica cuatro páginas a un artículo titulado “Dictaduras usan coronavirus para sostenerse, conspirar y lucrar”, en el cual el autor acusa a las autoridades de esos países de aprovechar la pandemia para fortalecer sus regímenes de facto, conspirar para derrocar democracias, y lucrarse con la ayuda internacional, el tráfico de médicos esclavos e incrementar el narcotráfico.

    Graves acusaciones contenidas en el artículo publicado en Diario Las Américas por Carlos Sánchez Berzaín, quien sostiene que “el coronavirus es utilizado en beneficio del crimen organizado transnacional por las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua”.

    El autor de esas acusaciones puede afirmar cuanto se le ocurra, pero las autoridades nacionales del ministerio de Educación no deben auspiciar que contenidos maliciosos e ideológicamente tendenciados se transfieran como verdades absolutas a los estudiantes de sexto grado.

    Es un abuso y un burdo ejercicio de adoctrinamiento, y además, una ofensa innecesaria a gobiernos de países que al parecer se consideran hostiles, pero con los cuales la República Dominicana ha tenido una relación histórica, y merecen otro tipo de trato, y quizás respeto.

    Mantente informado!

    Recibe en tu correo actualizaciones diarias
    de las noticias más importantes de la actualidad.

    Compartir