La guerra tiene leyes

Se exhibe tal desprecio por la vida que son cotidianas las muertes de civiles, organismos humanitarios, iglesias, Cruz Roja y periodistas.

Cruz Roja Internacional tendrá una delegación en Haití a partir de enero FOTO: FUENTE EXTERNA
Cruz Roja Internacional tendrá una delegación en Haití a partir de enero FOTO: FUENTE EXTERNA
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En los conflictos bélicos actuales se exhibe tal desprecio por la vida humana que ya son cotidianos reportes de muertes de civiles y de integrantes de organismos humanitarios de iglesias, la ONU, la Cruz Roja y periodistas.

La inobservancia de convenciones internacionales como la de Ginebra (1949), que protege a las personas ajenas a las hostilidades (heridos, enfermos, náufragos y civiles) y de La Haya (1907), que regula los métodos y medios permitidos para hacer la guerra y evitar sufrimientos innecesarios, se ha normalizado, igual que el uso del hambre como arma y el bloqueo comercial para inferir sufrimiento a la población.

Aunque abundan ejemplos de atrocidades, lo lamentable es que perdure la indiferencia y se pisoteen principios fundamentales que contemplan las Leyes de Guerra, conocidas como Derecho Internacional Humanitario, devenido en letra muerta porque la primera incapaz de reivindicarlo es la propia ONU.

Entre las voces que se hacen sentir está la de León XIV: “El principio de humanidad inscrito en la conciencia de cada persona, reconocido en las leyes internacionales, conlleva la obligación moral de proteger a la población civil de los atroces efectos de la guerra”, exhortó ante fieles en la Plaza de San Pedro.

Un reciente informe de la ONU (26 de abril) incluye a las fuerzas armadas y de seguridad de Rusia e Israel entre los responsables de patrones de violencia sexual relacionados con conflictos.

Sobre Israel, la ONU documentó abusos contra detenidos palestinos en Gaza y Cisjordania, incluidos casos de violación, desnudez forzada y violencia sexual durante interrogatorios y operaciones militares. Sobre Rusia, el informe señala violaciones y abusos sexuales principalmente contra prisioneros de guerra ucranianos y detenidos civiles.

Toda guerra representa un fracaso del derecho y refleja la incapacidad humana de negociar, de dialogar, lo que siempre ha sido aprovechado por grandes potencias para promover la industria de las armas y la destrucción.

El mundo necesita una potente reacción de la opinión pública, de las sociedades y organizaciones políticas, líderes y medios, para que la guerra deje de ser un hecho cotidiano, para que la fuerza, que es el derecho de las bestias, no se imponga a la humanidad.

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