Moratoria de vacunas

    Amén de decisiones que podrían interpretarse como una mala gestión de la emergencia sanitaria o que han llegado con retraso, la pandemia del coronavirus ha develado la ausencia de autoridad y prestigio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que sus recomendaciones sean asumidas, en especial por las naciones más poderosas.
    Lo nuevo de la OMS es su petición a los países ricos de que detengan el suministro a sus poblaciones de una tercera dosis de las vacunas contra la COVID-19, hasta que al menos el 10% de la población de todos los países esté vacunada.

    La intención es evitar que países que ya han empleado la mayor parte del suministro de vacunas disponibles las sigan utilizando mientras las personas más vulnerables del mundo permanecen desprotegidas.

    No disponemos de datos actualizados, pero en su momento estuvo bien documentada esa desigualdad: 9 de cada 10 personas en 67 países no disponían de recursos propios para acceder a una vacuna.

    No bien el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, hizo la petición para asegurar que el biológico esté disponible para aquellos que no han avanzado en el proceso de vacunación ni siquiera con una primera dosis, rápidamente Estados Unidos se opuso.

    Igual de fallido y sin ningún eco ha resultado el discurso de la OMS contra la concentración de las vacunas en los países ricos, y también para que por solidaridad las farmacéuticas renunciaran a las patentes para poder así aumentar su producción.

    Es mucha la inequidad y la desigualdad existente sin que la OMS pueda influir en el curso de los acontecimientos.

    Ni siquiera las dosis del COVAX fluyen con el ritmo prometido.

    En un mundo globalizado, donde la movilidad del virus y de todas sus variantes demuestra ser muy veloz, sirve de muy poco la inmunidad regional mientras los contagios llegan por cualquier vía.

    Mientras el 87% de los vacunados son de países ricos, en las naciones pobres o menos desarrolladas apenas se ha llegado al 0.2% de la población.

    Así no se vale, diría el doctor Tedros; pero nadie le hace caso.

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