Reforma en el tintero

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    El Fondo Monetario Internacional (FMI) habla de la necesidad de producir en el país una actualización del marco fiscal, y el director general de Impuestos Internos, Magín Díaz, plantea que es impostergable hacer una reforma profunda que actualice el Código Tributario.

    Fueron dos planteamientos dados a conocer esta semana, expuestos en diferentes tonalidades y circunstancias. Sin embargo, el torrente de esos léxicos desemboca en el mismo destino: una reforma al esquema impositivo dominicano.

    El FMI acomoda su planteamiento en la necesidad que evidencia la economía de buscar opciones para la sostenibilidad de la deuda pública.

    El director de la DGII se acoge al argumento de longevidad del Código Tributario, aprobado en el año 1992, como el primero de una serie de reformas económicas estructurales hechas a principio de la década de los 90. Díaz expuso el miércoles último que con más de 25 años de aprobado, el Código Tributario dominicano está muy rezagado con relación a la economía y a la sociedad de hoy.

    “Esta es una tarea que debemos asumir bajo consenso, con determinación, espíritu de equidad y sin populismo político ni populismo corporativo”. Esta expresión, de la autoría del director de Impuestos Internos, recoge una importante precisión y revela cuán complicada es la tarea de una reforma fiscal o tributaria.

    Lo que está claro y no a partir de las expresiones del FMI y del director de Impuestos Internos, es que el aparato fiscal dominicano está haciendo agua, que ya no es suficiente para financiar las actividades tradicionales del Estado y los compromisos que se agregan, algunos como el creciente servicio de la deuda pública, fruto de esa misma deficiencia de recaudación, pese a los esfuerzos que se desarrollan contra la evasión y la elusión.

    Y como bien expuso Magín Díaz, el tema debe ser tratado sin populismo político ni corporativo. Interpretando esas dos concepciones, lo importante es buscar un consenso para que la reforma que se negocie sea equilibrada, con sacrificios compartidos entre el Estado, cobrador por excelencia de impuestos, y los contribuyentes o pagadores.

    Lamentablemente ahora estamos en un ambiente donde difícilmente prosperaría un debate fiscal. Que quede en el tintero, pero no en el olvido. l

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