Respeto a las creencias religiosas

La violencia motivada por creencias religiosas es un fenómeno casi tan antiguo como el hombre mismo, y prácticamente ninguna religión está exenta de haberla ejercido, pero ocurre que el mundo ha evolucionado lo suficiente como para llegar a un estado de convivencia en el que cada creencia merece el mismo respeto que las demás, de manera que ninguna se imponga y mucho menos por la fuerza.

El derecho a la libertad religiosa permite que en el mundo actual puedan convivir en una misma ciudad diferentes comunidades de creyentes, desde templos protestantes de diferentes orientaciones, iglesias católicas, sinagogas judías y mezquitas de diversas vertientes del islam, por ejemplo.

La Organización de las Naciones Unidas estableció el 22 de agosto como el Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas de Actos de Violencia motivados por la Religión o las Creencias, que condena los actos violentos contra las personas que tienen creencias o posturas religiosas diferentes.

Sucede que en muchos países árabes existe la conversión forzosa, que no admite otro tipo de creencias que las impuestas por el Estado, con policías que controlan que en cada casa se cumplan los rituales y devociones que la religión oficial indica, y castiga las desobediencias.

En otros estados perviven prácticas milenarias de castigos públicos que implican azotes y hasta asesinatos por motivos religiosos, que constituyen verdaderos actos de terrorismo porque se utilizan también para amedrentar a la población.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU indica que cada persona tiene derecho a expresar libremente su creencia religiosa y a practicar su religión con absoluta libertad, sujeta a las leyes y mandatos civiles que cada país establezca, pero que no pueden prohibir una religión determinada o perseguir a nadie por motivos religiosos.

Respetar las creencias es una manera de convivir en paz, de ahí que la libertad religiosa es un derecho tan importante como cualquier otro, y condenar la persecución y la violencia por motivos religiosos es una obligación moral de todo buen ciudadano, porque el mundo actual ya no admite ningún tipo de oscurantismo que quiera imponer dioses por medio del terror.

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