Sin fábricas de líderes

    No caería mal, ahora que entramos en abril, el mes aniversario de la guerra y de la invasión norteamericana de 1965, de lo que se hablará mucho en las próximas semanas, que divaguemos un poco sobre el liderazgo y reflexionemos acerca de si en nuestro país actualmente hay verdaderos líderes.
    En los años 60, a diferencia de ahora, contábamos con un José Francisco Peña Gómez, quien avisado de que el contragolpe militar para reponer a Juan Bosch en la presidencia estaba en marcha, hizo un llamado a través de la radio para que el pueblo saliera a las calles.

    Para hacer lo que hizo Peña Gómez y ser correspondido por la población se necesitaban dos cualidades propias del liderazgo: responsabilidad, porque estaba comprometido con la asonada, y arredro personal.

    De Peña Gómez se dice que era emotivo y que se dejaba atrapar por la acción inmediata, pero no se discute que reunía condiciones que caracterizan a un líder de verdad.

    Podríamos mencionar a otros líderes trascendentes si contamos a partir de abril de 1965, pero quedémonos con Peña Gómez porque el interés es solo resaltar las condiciones que adornan a un líder.

    En Peña Gómez confluía otra cualidad del liderazgo; el carisma, ese don, ese ángel, además de que era un trabajador incansable en busca de sus objetivos.

    El líder de verdad tiene grandeza personal y un fuerte caparazón para contener envidias, traiciones y maledicencias.

    A ese liderazgo no se llega ni por herencia familiar ni por fortuna.
    En cuanto al liderazgo propiamente político, para que tenga sentido y pueda mantenerse, solo es posible si responde a las necesidades de su pueblo y a los retos que plantean el progreso, el desarrollo y el bienestar humano.

    El verdadero líder es aquel que reúne las características del conductor, la persona que es capaz de interpretar el sentir de las masas, pero al mismo tiempo tiene suficiente inteligencia para desafiarlas, para señalarles objetivos y convencerlas de que se pueden alcanzar.

    Hablamos de un líder con vocación de poder y persistencia, al que habría que mandarlo a fabricar porque no aparece en boticas.

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