Se cumple hoy, 8 de abril, exactamente un año del colapso del techo de la discoteca Jet Set, con el luctuoso saldo de 236 muertos y otros 180 lesionados.
Lo más doloroso para la conciencia social estremecida es el empeño puesto en pasar esa página, que involucra, además de los dueños del establecimiento, a parte del estamento oficial y judicial.
Un año ha transcurrido y no hay certeza siquiera de que la investigación de las causas por parte de la Procuraduría haya sido completa, y apenas iniciada la lectura de la acusación el juez otorga, administrativamente, un plazo para que la defensa de los imputados realice su propio peritaje. A propósito: ¿Existe un informe forense final? ¿Cuándo se socializará oficialmente el estudio técnico de la comisión de expertos?
Confiamos en que se establezcan responsabilidades y que se satisfagan todas las exigencias de los familiares de las víctimas, aunque gana cuerpo en la sociedad el desconsuelo porque no se notan firmes intenciones de que se vaya a hacer, plenamente, justicia.
Satisface, si pudiera utilizarse esa expresión ante esta tragedia, que en esta semana del aniversario se movilizara la proverbial solidaridad dominicana, con miles de personas unidas en el clamor de que esta catástrofe no quede como un simple recordatorio mensual hasta que se diluya en los tribunales.
La tragedia de Jet Set ha recibido respuestas demasiado tibias para satisfacer las demandas de los damnificados, incluido el indefinido estatus de los más de 170 niños y adolescentes que quedaron huérfanos y que figuran entre los que esperan una sentencia contundente.
Precisamente porque esa orfandad es una de las situaciones más críticas identificadas, aun con el destacable aporte inicial de decenas de especialistas y de entidades públicas y privadas que los acompañaron.
Lo de Jet Set fue una desgracia causada por la desidia y la indolencia de quienes tenían que brindar seguridad a las personas que acudieron a ese centro nocturno. Lo menos que se puede esperar es que no impere la impunidad con los que llenaron de luto a una ciudad y a un país.
