Coincidencias de la vida. Esta semana el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció una campaña para desmantelar la Corte Penal Internacional (CPI) porque: “Representa una amenaza intolerable para la soberanía estadounidense”.
Y lo dijo apenas cuatro días antes de celebrarse hoy 17 de julio el Día Mundial de la Justicia Internacional, aprobado por el Estatuto de Roma en 1998, firmado por 120 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas.
La Corte Penal Internacional es un órgano judicial permanente que juzga crímenes de genocidio y crímenes de guerra en el mundo, pero según Marco Rubio, se arroga la autoridad para procesar e incluso encarcelar a militares y funcionarios que actúan en favor de los intereses de Estados Unidos.
La conclusión de Rubio tiene poco asidero porque Estados Unidos ni siquiera es signatario de ese estatuto y lo debatible es que igualmente la CPI se arroga atribuciones, emite órdenes de arresto y hasta promete juzgar a presidentes de otras naciones.
De todas maneras, aunque parezca un sinsentido, resulta interesante la propuesta de Rubio, al poner sobre el tapete el alcance y las atribuciones de la CPI.
Pero recogemos de la conmemoración y del Estatuto de Roma el objetivo de que se puedan juzgar crímenes de genocidio y de guerra, porque equivaldría a solidarizarse con las víctimas de esas atrocidades.
En otro contexto de menor división geopolítica y de superpotencia que parece tener el monopolio de la violencia, la posibilidad de que la justicia pudiera contar con un “brazo” internacional podría ser amparo para los Estados que se adhieran a tal instrumento.
Quizá ayude a pensar que sería necesario si tuviera plena independencia, y en un contexto que no dé cabida a amenazas como la del secretario Rubio de que Washington sancionará a las naciones que acepten la autoridad de la Corte Internacional y dependan o reciban asistencia de Estados Unidos.
Podría argumentarse en lenguaje dominicano: así no se vale. Una corte que por un lado obedezca a intereses de países en particular, y del otro que Estados Unidos cuelgue la famosa espada de Damocles sobre sus aliados que sean miembros.
